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19 Ene

Niños héroes, de Diego Zúñiga

diego zúñiga

Fotografía de portada: Revista Qué Pasa.

ninosheroesCuando leí la última novela del chileno Diego Zúñiga (Iquique, 1987) pensé que parte de las sensaciones favorables que me había provocado la obra surgían de un vínculo generacional con el autor. En concreto, pensé que Zúñiga narraba de una forma que me resultaba familiar, cercana y con la que de alguna manera me podía identificar. Alejado de discursos generacionales, el autor se limitaba a contar la historia desde un punto de vista personal y único que paradójicamente era rabiosamente compartido. Esta sensación se ha acrecentado con la lectura de su más reciente publicación, la colección de relatos Niños héroes, publicada por Literatura Random House dentro del «Mapa de las lenguas».

Niños héroes es un equilibrado libro de cuentos, con relatos urbanos donde priman los jóvenes como personajes principales. El autor rompe con su escenario habitual en el norte de Chile –presente en sus obras Camanchaca y Racimo– para centrar sus relatos en ambientes urbanos donde los personajes transitan con distinta suerte. El retrato de la ciudad no llega a ser amable pero tampoco es agresivo. Es un espacio de contrastes, poco acogedor, donde los personajes más que caminar deambulan.
En definitiva, «Un mundo de cosas frías», como indica el título de uno de los relatos del libro. Es precisamente en este cuento donde el autor muestra mejor la inestabilidad que define a la juventud en la actualidad. Los personajes del relato van de piso piloto en piso piloto en un simulacro de vida en pareja que acaba por fracasar. Continuando con la inestabilidad, tenemos a la protagonista de «La tierra baldía», un estupendo retrato de la vida después del título universitario. Sin amargura pero con desencanto, el autor muestra la incierta gloria que nos espera tras acabar el periplo académico, ese comienzo de la vida adulta para el que no todos estamos preparados. Sin embargo, también hay una reivindicación de una juventud descarada, insumisa y airada, que lucha contra el sistema, aun a riesgo de fracasar estrepitosamente. Me refiero a «La ciudad de los niños», relato que abre el libro, y a «Cabezas negras», adolescentes simulando ser adultos que no encuentran otro lenguaje que el de la violencia contra el sistema. Esta termina siendo la única manera posible para reivindicarse a sí mismos y su papel en la sociedad. La insolente actitud de algunos jóvenes protagonistas contrasta con la frialdad de los escenarios urbanos en los que tienen lugar muchos de los relatos.

Zúñiga aborda varios temas de forma transversal en el libro. Hay unas preocupaciones que se filtran en distintos cuentos. Uno de los elementos más destacados es el asunto de los costes médicos, con claras referencias en los dos últimos cuentos, «Montevideo» y «La tierra baldía». No es una crítica feroz, pero sí se deslizan sutiles comentarios acerca de lo caro de los tratamientos médicos y sus efectos en las economías domésticas. La educación se muestra abiertamente más explícita y, desde luego, es uno de los temas tocados en varios relatos. No en vano, suele ser una preocupación habitual de los jóvenes y aporta cierta verosimilitud a los relatos. El fútbol es un elemento que se repite en dos relatos, siendo protagonista absoluto en «Tierra de Campeones» y estando muy presente en «La tierra baldía». El autor, hincha declarado del Universidad Católica, muestra las dos caras del deporte, la promesa fracasada y la alegría del aficionado que espera toda una vida para ver el triunfo de su equipo. Resulta llamativo que una escritura alejada del diálogo, más sugerente que explícita, sea tan capaz de trasmitir emociones al lector. No hay discursos incendiarios o arengas emotivas. Zúñiga opta por economizar los recursos técnicos, con muy buen resultado, y se aleja de la pirueta narrativa. Se puede afirmar que el autor logra mucho con muy poco, lo que demuestra su dominio de la escritura. Por último, vuelvo a comentar los escenarios urbanos en que se ambientan los relatos que sin llegar a ser hostiles, no son especialmente acogedores. Bloques en construcción, violencia de bandas, vecinas con ínfulas de cazadoras o complejos empresariales en medio de la nada, son algunos de los elementos que conforman la urbe de los relatos. Fantasmales, parcialmente derrotados y exiliados de sí mismos, los personajes viven en esos escenarios lo mejor que pueden.

Me resisto a usar la palabra actual a la hora de definir a un autor o una obra. Sin embargo, los relatos recogidos en Niños héroes resultan contemporáneos sin hacer referencia al presente y de alguna forma recogen muy bien las inquietudes del tiempo en el que vivimos. Diego Zúñiga, como el futbolista del cuento «Tierra de campeones»: «Mira fijo a la cámara, no sonríe, pero parece tranquilo; sabe que el futuro le pertenece».

Enrique León

Nacido en Sevilla y Licenciado en Historia por la Universidad de Sevilla. En esa misma institución cursa el Máster de Enseñanza Secundaria y el Máster de Estudios Americanos. Actualmente es doctorando en Literatura Hispanoamericana con una tesis sobre literatura centroamericana. Lector desde siempre, en los últimos tiempos también escribe reseñas de narrativa hispanoamericana contemporánea. Es el responsable del blog Fondo de Lectura (fondodelectura.wordpress.com).

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