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17 Feb

Máquina para hablar con los muertos, de Carmen García

Alicia Herrera

Fotografía de portada: Andrés Herrera.

13015266_1750363261854386_4081879529195443883_nCarmen García (Santiago de Chile, 1979) es socióloga y poeta. Además, es la fundadora y jefa editorial de la revista Plagio donde ha desarrollado múltiples proyectos culturales y editoriales. Ha publicado los libros La insistencia (Libros de la Elipse, 2004) y Gotas sobre loza fría (Cuarto propio, 2011), ambos escritos con el apoyo de la Beca de Creación Literaria del Consejo Nacional del Libro y la Lectura del Gobierno de Chile, y sus poemas han sido incluidos en diversas publicaciones y antologías.

La imagen de Javier Bello que aparece en la portada del libro recuerda las pistas iconográficas que siembra el «rey amarillo» en la primera temporada de True Detective; algo que de alguna manera prefigura la experiencia de lectura en Máquina para hablar con los muertos de Carmen García; libro estructurado bajo la forma de un largo poema que se hace a partir de las ventajas que ofrece el verso libre.

Alguien —o algo— está contando una historia en la que se trata de evocar en el recuerdo una serie de sucesos a la manera de un ritual. Esa forma de la oralidad es la forma de hablar en secreto con los muertos; esta es, ante todo, «una forma de rezar».

Hay una acústica espectral en la cadena de registros del poema. La autora traba hilos conductores con frases cuya luz atraviesa lo abisal y en los que la historia se cristaliza y se divide; son fragmentos de la experiencia que nos conducen por un sendero sensorial: alguien escucha cómo las cosas van mutando, alguien mira crecer el musgo entremedio de la roca, alguien escribe cartas a los muertos y aprende a identificar la luz de los vivos; actividades que dan cuenta «del paso del tiempo». Cuando no hay más que decir la simbología propia del relato se hace de sombras y fantasmas, de tigres y ballenas, de peces con boca de lobo de los que provienen los nombres de las cosas, aunque es demasiado tarde puesto que «las palabras han perdido su significado».

Al comienzo de Elogio de la sombra, Tanizaki nos cuenta que «en la estética tradicional japonesa lo esencial está en captar el enigma de la sombra». Carmen García toma esta pauta para escribir este libro y la reversiona, adscribiendo al mandato pero trasponiendo un antimomento de complementariedad con la luz. Leemos en uno de los párrafos: «La sombra no quiere ser sombra. La veremos reflejarse en los muros pidiendo luz para poder desaparecer. La sombra no quiere ser sombra. Quiere ser iluminada y así, en algún momento, disolverse».

La pregunta que alguien se formula en las primeras páginas del libro sobre la posibilidad de habitar un lugar diferente se responde sólo en la sentencia final; ese lugar buscado —al parecer un páramo lunar— es un espacio en el que «todos los soles ciegan [la] vista». En ese lugar hay máquinas para hablar con los muertos, y todos contestan cerrando los ojos y besando las superficies.

Con respecto a lo que deja la lectura de Máquina para hablar con los muertos, se podría decir que una vez realizada es posible adentrarse en el universo onírico de la autora, en una forma de la representación que respeta menos la tradición poética chilena que sus propias concepciones estilísticas. Esa es, al menos a mi parecer, la mejor manera de generar disrupciones, de proponer un marco de referencia singular; una forma de la inscripción dentro —pero también fuera— de las coordenadas del relato.

Raúl Andrés Cuello

Raúl Andrés Cuello (Mendoza, 1988) es licenciado en Enología, máster en Viticultura y Enología y se desempeña como becario en el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) y en el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), ambos de Argentina. Realiza su Doctorado en Ciencias Biológicas en la Universidad Nacional de Cuyo en el área de Biotecnología de Levaduras Vínicas. Paralelamente a esto colabora realizando reseñas de libros, entrevistas o ensayos en diarios y revistas culturales de Argentina (Otra Parte) y España (culturamas.es). En 2015 publicó Magias Parciales, su primer libro de relatos. Desde 2014 a la fecha se encuentra trabajando en una novela experimental cuyo título es La imposibilidad de la escritura.

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