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31 Oct

Los cinco y yo, de Antonio Orejudo

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portada_cinco_yoLos cinco y yo (Tusquets, 2017) ha sido la esperada nueva novela de Antonio Orejudo. Después de seis años de su anterior publicación, el autor vuelve con una reconstrucción biográfica de sus años de juventud que camina, cual funambulista, en esa línea difusa que separa la realidad de la ficción. Para ello, parte de la presentación de un supuesto libro que ha escrito su amigo Rafael Reig y que no trata de otra cosa que de cómo sería la vida de los Cinco ya mayores (esos míticos personajes de Enid Blyton que a tantos nos acompañaron que a tantos nos acompaña durante  nuestra infancia). Unos Cinco que nada tienen que ver con esos personajes que nos deleitaban las tardes de verano y que, al igual que la generación de Orejudo, no han cumplido las expectativas de adolescente en su edad adulta, siendo estas bastante miserables e irreconocibles. El autor en un nuevo ejercicio de autoficción se incluye como personaje para que el artefacto parezca más real, se pone frente a un espejo para hablar de él mismo y de su generación como un camino excesivamente empinado en el que las expectativas creadas no estuvieron acordes con la realidad, llegando con ello a la inevitable frustración y sensación de que algo ha ido mal y ya es tarde para remediarlo: “Hay en el ambiente una sensación general de fraude, como de haber sido engañados en todos los ámbitos de la vida. Es como si tuviéramos la sensación de que nada de lo que hemos alcanzado o creído hasta ahora supone un avance genuino en la civilización, ni siquiera en nuestro bienestar, sino más bien algo impuesto desde algún poder para servir a unos intereses o a otros”.

La especularidad recorre toda la obra en un discurso que se refleja a sí mismo cuando comenta su naturaleza ficcional. Se trata de una narrativa autorreflexiva y consciente de sí misma que trata de explicar la obra por la vida del autor y esta por aquella, que nos llevan a la imposible separación entre realidad y ficción de tradición cervantina. Casi todo lo postmoderno hoy ya lo hacía Cervantes.

La única voz es la del protagonista-narrador que vive en una frontera lúdica entre realidad y ficción y nos enfrenta a un espejo a varios niveles: individual y generacional. Con ello, logra explicarnos como las expectativas creadas no se cumplen y como una generación pasiva y fracasada tiene que lidiar con ello. Todo esto aderezado con el humor marca de la casa que, como un escudo ante la amargura de lo real, ocupa un lugar vital contra el miedo y como vía de conocimiento en una defensa de la literatura como vida sin sacralizaciones: “El cuerpo le pedía una actitud menos severa, en donde cupieran no solo las altas manifestaciones artísticas, sino también la cultura popular; no solo los valores eternos, sino también los valores efímeros…”

Unas expectativas que todos nos creamos de forma inevitable como un proceso automático que crea nuestra mente, que van conformando nuestra realidad y la imagen que tenemos de nosotros mismos. Un proceso que necesita de un equilibrio para no caer en el desencanto. “Perseguir el éxito me ha servido para no conformarme y no dormirme en los laureles. Pero, por otra parte, esa exigencia ha lastrado mi espontaneidad y mi flujo creativo”, y que, en cierta manera,  personalmente, también me ocurre con la novela: un listón tan alto que termina por dejarme con hambre y sin postre.

Rafa H. Pavo

Nacido en Hospitalet de Llobregat (Barcelona, 1978), a los cuatro años su familia se mudó a Sevilla, donde fue criado y educado. Es bibliotecario en la Universidad de Sevilla, concretamente de la Escuela Técnica Superior de Ingeniería.Es Licenciado en Historia del Arte y tiene estudios de Filología Hispánica. También tiene un Máster en Literatura General y Comparada y otro de Creación Literaria, ambos por la Universidad de Sevilla

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