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15 Abr

alambres, de Lola Nieto

lola nieto

Alambresalambres de Lola Nieto es el libro que inicia la aventura “Púlsar” este 2014, la nueva colección de la editorial Kriller 71 centrada en la publicación de poesía joven.

Este es un título que tambalea el año e impone un nuevo reto a las letras  jóvenes (y no tan jóvenes) del país. Lola Nieto se enmarca dentro de un invisible grupo de autores que, con sus trabajos, expresan una doble preocupación por el lenguaje. Son autores difícilmente agrupables, principalmente porque ni a ellos mismos les interesa pertenecer al membrete, a la etiqueta, y porque no todos expresan esa preocupación de la misma manera. Esa doble preocupación por el lenguaje de la que hablamos atraviesa en la obra de Lola un interés que explora influencias cinematográficas y busca indagar en el proceso de creación, proceso también influido por la lectura de autores al margen de las modas editoriales. Esta escritura desde el margen es de celebrar no solo por lo arriesgado de la propuesta, sino también por la calidad resultante del trabajo realizado en el texto, algo que consideramos directamente relacionado con la decisión tomada por el autor sobre desde dónde escribir. Así, no resulta sorprende detectar en este libro el detalle del artesano en la elección las palabras.

En esta primera parte, escrita en verso, tenemos ante nosotros pequeños poemas-conjuro, versos cortados que experimentan con la representación oral del texto, con la respiración de la lectura. También se experimenta con la grafía, utilizando diferentes signos que acaban con la conquista de un lenguaje lineal. Se ofrece así una lectura-collage, un recorte también visual, como quien mira a través de un caleidoscopio.

Se elige un personaje, no sabemos si al azar, que presencie el desarrollo de su propio cuerpo textual: Perséfone, pero perséfone, en minúscula. Cabe afirmar que el personaje está concebido en el libro más allá del mito; es extraído de él y miniaturizado. Sin embargo, nos parece interesante recordar que Perséfone fue raptada y llevada por Hades al inframundo, lugar del que se convirtió en reina. Así, en la medida en que fue desplazada en contra de su voluntad, podemos hacer una lectura paralela del mito y de la adaptación que se realiza del personaje en el libro. Parece semejante el sentimiento que la Perséfone del mito comparte con la perséfone de Lola, quizás parecidas en una misma soledad y deslocalización en el submundo, que quizás sea más bien un pre-mundo, un mundo anterior al lenguaje. La lengua de Perséfone en el texto de Lola Nieto está desplazada, quebrada. Se habla en tercera persona de la perséfone-sujeto, como un niño que desplaza su mundo al interior de su yo y de su cuerpo. En esa soledad compartida por uno mismo, perséfone desea el mundo desde la distancia. El mundo en tanto que cambio, también trazaría otro paralelismo con el personaje mitológico, contenedor simbólico del ciclo de la vida. Así intuimos que la perséfone de Lola cambia, muta, vuelve atrás, siempre deslocalizada, desnombrada, pensando desde la víscera y el hambre, finalmente detenida en lo concreto, en la vocal.

Por otro lado, la segunda parte del libro, escrita en prosa, es en sí misma el tejido de la memoria. Un yo reconstruye el pasado, tomando como figura central la doble familia: la humana y la animal.

La forma que Lola Nieto elige para la escritura de esta parte remite de alguna manera al sabor de la crónica, del diario, recordándonos a los Diarios indios de Chantal Maillard. Cada fragmento que compone esta parte ofrece una lectura temporalmente lineal que sin embargo también funciona ofreciendo múltiples recorridos. Con la frase “Desde que decido esto…” la autora introduce diferentes acciones que continúan la cadena, el alambre, que propone cada texto independientemente. Es esta frase nuclear, terminada en cada ocasión de diferentes maneras, lo que dará un giro y un tono especial a esta segunda parte del libro.

De otro lado, también podemos detectar la fuerte influencia de lo visual, de lo cinematográfico, en esta segunda mitad; un código que se establece paralelamente a la elección de un imaginario relacionado con la naturaleza y que nos remite al cine de la directora japonesa Naomi Kawase. Así, al igual que la cineasta, Lola Nieto consigue extraer de algunos momentos turbadores el destello de la ternura, del gesto, del acercamiento.

Finalmente, cabe comentar que, aun tratándose del debut literario de la autora, tanto la intertextualidad como el lenguaje son utilizados de una manera muy inteligente que nos asoma a lo que podemos esperar del próximo trabajo de Lola Nieto, algo que se anuncia muy prometedor teniendo en cuenta la riqueza literaria y cultural de la que hace gala su autora en alambres. Ahora el lector sólo tiene que disfrutar de la lectura de este primer libro mientras espera paciente a que se fragüen las ideas para el siguiente.

Ruth Llana

Autora de Tiembla (Point de Lunettes, 2013), Estructuras (Ejemplar único, 2015) y Umbral (Malasangre, en prensa, 2017). Realiza su doctorado en Estados Unidos.

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