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17 Ene

Bajo la sombra del árbol en llamas, de Ana Martínez Castillo

ana martínez

bajo la sombra del árbol en llamasResultan muy positivas para el panorama literario las editoriales que apuestan por nuevos talentos, que descubren nuevas voces, primeros libros. Esto ocurre con la sevillana La Isla de Siltolá y su colección «Tierra» (poemarios en pequeño formato, con portadas de cuadraditos multicolores, para que podamos llevarlos en un bolso mínimo, mochila, bolsillo, en la propia mano, y así leerlos en el transporte público o cuando hacemos cola en cualquier sitio; en casa, claro, antes de una reunión, mientras nos tomamos un café).

Uno de esos libros, publicado meses atrás, es el de la albaceteña Ana Martínez Castillo. Y es el que hoy os presento. Bajo la sombra del árbol en llamas, se llama. Un título que abre y también cierra este trabajo de 52 páginas repartidas en dos bloques: «El espejismo de la llama», que engloba diecisiete breves poemas en verso libre, y «El placer de las cenizas», diecisiete textos poéticos, la mayoría como versículos que recogen pensamientos, situaciones que la poeta nos hace llegar con un ritmo pausado y triste.

Y esto es lo primero que destacaría de Bajo la sombra del árbol en llamas: la tristeza. Son poemas de ceniza y muerte metafórica, tal y como me ha confirmado la propia autora.

Poemas que llevan la lluvia incorporada, que viven en un ambiente repleto de naturaleza y bosque: «He decidido vivir en los bosques hasta que la noche regrese de nuevo».

Poemas en los que se esconden animales, sobre todo insectos («Eres consciente del insecto/ que habita tu cabeza,/ que rumia en el zaguán del hueso,/ que del cráneo hace madriguera»), pero también animales salvajes («Existir al amparo de los lobos, al cuidado de animales salvajes. Estar lejos de la trampa, de los vientos que gruñen y bostezan. Rondar las tibias madrigueras, y las fauces y los pastos y las grietas, y los huecos en las noches diminutas»).

Poemas de noche o de frío: «Son los peces dueños del hielo que respiro, del frío que se hace porcelana, del hueco entre tus manos en madrugadas impares».

Ana Martínez Castillo habla de la muerte que merodea por todas partes, de querer ser otra persona («A veces guardo/ vidas secretas,/ más formas de ser otra./ A veces –solo a veces-/ insisto en no ser yo/ la que habla, la que sueña/ la que tiene en los ojos/ un brillo de alfileres»), de todo que escondemos, que mantenemos oculto: esa sombra a la que a veces hacemos frente pero de cuya existencia, en otras ocasiones, fingimos no darnos cuenta.

Recupero este poema como ejemplo de todo lo expuesto:

PASEO

He salido para fingir

que nunca fui tocada

con el don de lo mediocre,

que nunca fui como parezco,

he salido para inventar

el premio de la aguja,

para decir palabras como bronces,

y llamar a la noche partera de sombras,

brincar metáforas como insectos,

cabellos de arce mayor,

frentes retóricas.

Y aquí,

en la estación que se arquea,

me siento y miro

la gente que viene y va

y me aguanto

las ganas de huir

y coger un tren,

un tren cualquiera.

No he podido evitar ponerme en contacto con Ana Martínez Castillo para preguntarle sobre este libro y obtener, así, una información de primera mano.

¿Qué puedes decirme sobre esa tristeza que duerme en casi todos los poemas de Bajo la sombra del árbol en llamas?

Siempre he creído que las mejores historias son en realidad historias de derrota. De pérdidas. De oscuridades. Los mejores poemas también. O al menos, esa es la poesía que a mí, personalmente, me resulta más interesante: la que retrata una búsqueda, una dicotomía personal, una suerte de tortura. Me inspira mucho más escribir desde la noche que desde la luz del día, mostrar con imágenes nuestro otro yo, ese que está ahí detrás, bajo el cielo de tormenta.

A tu juicio, ¿cuáles son los temas que aparecen en el libro?

La búsqueda de una identidad (porque somos, en realidad, muchas identidades), la duda, el deseo de aniquilación, de fusión, la ilusión de la muerte, una muerte que es tan cierta que, para sobrevivir a su presencia, hay que convertirla en otra cosa. En poema, por ejemplo. En una imagen. En metáfora. El paso del tiempo, la naturaleza, la búsqueda y la muerte, que tiene la fea costumbre de tocarlo todo.

El poema «Era» parece que se sitúa en el otro extremo del resto de composiciones, porque en este breve texto hay luz, sol, es verano —aunque también lluvia—, un recuerdo bello. ¿Tienes también la sensación, como yo, de que es algo que brilla por encima del conjunto de esta obra?

«Era» está dedicado a mi tía abuela y lo escribí a los pocos días de que muriera. Es un poema que pretende mostrarla a ella, lo que supuso su presencia, el recuerdo que dejaba. Claro que hay sol, música y viento. Ella era eso y también pasillos largos y oscuros de una casa larga y oscura. Es algo que brilla y, curiosamente, es el único poema que habla de una muerte de verdad, una que no es metafórica.

¿Qué simboliza el título Bajo la sombra del árbol en llamas?

Es una imagen como las que abundan entre mis versos (me gusta el hermetismo en poesía y la imagen que casi toca el surrealismo), una imagen cargada de significado. Sucedió que hace mucho tiempo, cuando todo estaba por comenzar, una persona me dijo que yo era «la sombra del árbol en llamas». Así tal cual. No era un árbol ardiente, todo explosión y vida, todo pasión. No. Era la sombra. Lo que no era. El querer ser y no poder. El reflejo, el espejismo, la imitación. Así que yo —me dije— era eso para otro. Y me prometí que, de alguna manera, en algún momento, tendría que dejar de ser esa sombra y ser el árbol. Y arder. Dejar de estar marcada por esa condición de no-ser del todo, y ser.

***

Y sí, se puede decir que este libro encierra poemas que evolucionan porque también lo hace quien los escribe (o quien contempla/lee los temas aquí tratados). Como dice la autora, se trata de «ser esa sombra del árbol en llamas, para poder después dejar de ser la sombra, ir hasta el árbol y verlo arder».

Carmela Trujillo

Ha publicado “Esto no puede seguir así” (Premio de Narrativa Infantil Vila d’Ibi 2006. Anaya, 2007), “Un viaje pendiente” (Libresa. Ecuador, 2011), “Lo recuerdo perfectamente” (Anaya, 2011), “Cuando las vacas toman el té de las 5” (San Pablo, 2011), “En las nubes” (Anaya, 2012), “La lluvia llegó con Gabriela” (Algar, 2015) y también “Y de repente, echándola de menos” (Zonacuario. Ecuador, 2015).

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