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7 May

Cicatriz, de Sara Mesa

Sara-Mesa

Maquetación 1Una pareja entra en un edificio casi abandonado. Conocemos el estado del edificio antes que cualquier detalle de sus visitantes. El abandono del ascensor, la humedad en las paredes, los carteles de las oficinas abiertas. El hombre va delante, ella le sigue. Se dirigen a la azotea. Una vez ahí intercambian un diálogo extraño, difícil de entender. Se nos ocurre que tal vez acaben de conocerse, que sea una cita a ciegas. Solo llegamos a atisbar lo esencial: esta no es una pareja normal.

Siete años antes, Sonia es una chica que ronda la veintena, tiene un trabajo mediocre y una situación familiar asfixiante. Aficionada a chatear en los foros de Internet, un día se anima a asistir a una cena con varios usuarios habituales. Nadie llama su atención en la cena, de la que tampoco saca nada. Sin embargo, de vuelta a su rutina –y a los chats- se encuentra con un mensaje nuevo. Un chico que se hace llamar Knut Hamsun le ofrece un intercambio: ella le manda una foto suya reciente y a cambio él le enviará por correo los libros que ella le diga. Sonia duda. Knut tiene fama de jactarse de hurtar en centros comerciales. Lo consulta con otra usuaria del chat, que intenta disuadirla. Finalmente acepta. Le da su dirección postal y una lista de libros, a los que este añade unos cuantos más y una nota pidiéndole que le reembolse los gastos de envío. Esta transacción se repite con frecuencia. Knut envía libros robados a Sonia, y espera que ella los lea para comentarlos. No pide más fotos, pero sí más información. Quiere conocerla, que le hable de su vida, que mantenga el contacto con él. De sí mismo no dice mucho, datos superficiales, los suficientes para que Sonia se forme un retrato sombrío de su persona.

La novela discurre por el cauce del personaje femenino, que es de la pareja protagonista el personaje fácilmente identificable. Knut es oscuro, asocial. Por él solo se puede sentir fascinación o desprecio.

Knut es la cicatriz de Sonia, esa marca que afea la normalidad que se presupone en una mujer joven de origen humilde y futuro anodino. Es su relación más duradera -sin ninguna duda la más importante, más que su matrimonio-, la que más impacto ha tenido sobre sí misma. Cuando la relación llega a absorber hasta el límite de la asfixia, cuando el secreto amenaza con desvelarse, Sonia se siente culpable –llevar una doble vida pasa factura-, no aguanta más y lo deja. No cuenta con la opinión o los sentimientos de Knut, simplemente le exige que deje de ponerse en contacto con ella. El tiempo pasa y los recuerdos emergen. Knut ha respetado los deseos de Sonia, quien empieza a recordar lo cruel que fue al dejarlo. Entonces se siente culpable y retoma el contacto.

Knut es la cicatriz de Sonia. Y la cicatriz de Sonia es la culpa.

Y sobre la culpa es Cicatriz.

 

Una reflexión posdata:

Empiezo la lectura. Desde el primer momento, sospechando el riesgo al que se enfrenta la protagonista, le grito con los ojos clavados en las páginas que no siga adelante, que corte todo contacto con semejante individuo. Mi primera reacción es la de condenar a Knut. Francamente, que su nickname sea el nombre de un escritor nazi no ayuda. Me mantengo en la misma postura durante los primeros capítulos. Cada vez que escribe un email a Sonia pidiéndole sus reflexiones sobre cada lectura, cada vez que le da su opinión sobre cosas de carácter personal que ella le cuenta, enseguida salto encima de él para juzgarlo.

Pero los años pasan y la relación de Sonia con Knut se prolonga. La intimidad crece a pesar de que solo llegan a verse en persona una sola vez –la descrita en el primer capítulo-, a pesar de los cambios en la vida de Sonia. Gracias al mundo de sombras en el que existe, Knut apenas cambia como personaje a lo largo de la novela; solo aumenta la intensidad de sus sentimientos. Sus hurtos continúan, primero libros en grandes cantidades, luego más cosas. Empieza a enviarle lencería. ¡Bingo! Es un pervertido, me digo asqueado. Cada vez está más claro que sus intenciones se dirigen al plano físico. Pero Knut no quiere sexo. Lo único que quiere es exactamente lo que dice que quiere. ¿Y Sonia? Sonia miente, disimula su desinterés cuando no le apetece seguir el hilo de los emails –y luego las cartas-, lo exagera cuando cree que es lo menos que puede hacer dado que le regala cosas robadas. Juega con él. Y a pesar de eso, yo sigo del lado de ella.

Ella es la buena.

Entonces abro la mente. Trato de aparcar mis prejuicios (de género, sexistas, misóginos y misándricos, literarios y de todas las categorías). Creo conseguirlo y se me ocurre lo siguiente: Cicatriz no es otra cosa que una versión modernizada –ahora que tan de moda están las revisiones de cuentos de hadas clásicos- de La Bella y la Bestia, donde la perversidad de la bestia, la espantosa violencia que tan fácilmente atribuímos a los hombres, nos distrae de la corrupción de la bella.

Pobre Bella.

Al contrario que Knut, que no tiene absolutamente ninguna atadura social (no tiene ni trabajo, ni familia, ni amigos) o moral (su ostracismo es voluntario), Sonia tiene una abuela enferma y dos hermanos pequeños, más adelante se casa y tiene un hijo, sus responsabilidades profesionales aumentan con el tiempo. Nada de esto la disuade de continuar con una historia que poco a poco la está contaminando a ella y a cada parcela de su vida. Inicia su relación con Knut por puro tedio y la continúa –y termina- porque se siente culpable.

Y yo también me siento culpable. ¿Por qué? En primer lugar, por haber juzgado a un personaje por tener una forma de vida que ni comparto ni entiendo. En segundo lugar –la culpa se intensifica-, por victimizar a otro personaje por el hecho de ser mujer. Si Sonia también fuese hombre, mi lectura no habría sido en absoluto la misma.

He vuelto a leer la novela de Sara Mesa cargando con mi propia culpa, y no solo ha sido diferente. Ha sido mejor. Knut es una sombra fascinante, no un monstruo sombrío, y Sonia no es ni víctima ni femme fatale, solo una mujer compleja.
Esta es la lectura que recomiendo.

Álvaro Domínguez

Licenciado en Historia del Arte por la Universidad de Santiago de Compostela. Tras cursar el Máster de Edición Universidad Autónoma de Madrid – Taller de Libros ha trabajado en diversas áreas del sector editorial. Su primera incursión literaria como autor fue en Amateurs Hotel, portal que acoge a artistas en ciernes con el deseo de compartir sus creaciones a través de una revista digital y un libro impreso financiado mediante crowdfunding. También ha publicado una serie de relatos en La Cueva del Erizo y forma parte de la antología Lo que no se dice de la editorial Dos Bigotes.

1Comentario
  • Ditas Veg

    Acabo de leerla de un tirón y me ha sucedido casi exactamente lo mismo. Las lágrimas, las mías, no eran por Sonia. Un saludo.

    04/07/2015 at 13:32 Responder

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