Subir
18 Jun

Después del invierno, de Guadaluppe Nettel

guadalupe nettel

Maquetación 1Según la perspectiva sociológica de la teoría de Asimilación Segmentada, la integración en un contexto social receptor muta según la interacción del individuo con distintos tipos de factores étnicos. Pues bien, Después del invierno, comienza ofreciendo un acercamiento al proceso migratorio desde una perspectiva intimista y atenta a los factores más subjetivos y el bagaje emocional, en lugar de ejecutar una fría y manida visión científica sobre el asunto. Las primeras páginas trazan con delicadeza un conciso mapa geosocial de los personajes, cuyas voces  paralelas en primera persona narran, paso a paso, sus distintas y, empero, complementarias aproximaciones hacia el exilio -físico y psicológico- como una forma de expiación o de huida.

La más reciente novela de Guadalupe Nettel (México DF, 1973), merecedora del XXXII Premio Herralde, otorgado por la editorial Anagrama, no significa un repentino e inusitado éxito, una eventualidad surgida de la nada. Lo cierto es que la autora mexicana ha demostrado de sobra su enorme talento para la narrativa a lo largo de los últimos años. Desde la publicación en 2005 de El huesped (por cierto, finalista del Herralde), su carrera literaria no ha hecho más que avanzar y afianzarse como una de las más lúcidas personalidades de las letras en castellano. Ha obtenido numerosos reconocimientos, premios y menciones, entre los que cabe destacar de entre una larga lista, por ejemplo, los premios Gilberto Owen, Antonin Artaud y Anna Seghers en 2009 por Pétalos y otras historias incómodas, o el III Premio de Narrativa Breve Ribera de Duero en 2013 por El matrimonio de los peces rojos.

Las líneas argumentales de los dos protagonistas, ambos deudos de un pasado tormentoso y anegado de miserias personales que han dejado una profunda mácula en los acontecimientos posteriores, transcurren aparentemente inconexas al ritmo de las estaciones meteorológicas en Nueva York y París, ciudades a las que han migrado desde Latinoamérica y ante las cuales han elegido adaptarse de una manera personal. Pero pronto se mostrarán como dos perspectivas de un mismo paisaje humano y se cruzarán, gracias a un diminuto vínculo, influyéndose inesperadamente el uno al otro desde el mismo momento de su encuentro.

Claudio está llegando a lo que se denomina una “crisis de la mediana edad”. Muchos años atrás, abandonó su Cuba natal en un intento de destruir el pasado: una infancia pobre y dura, con privaciones de todo tipo y vulneraciones a su espacio íntimo, una iniciación sexual exenta de inocencia y una intensa relación afectiva con resultado trágico. Toda mención al respecto  es desidealizada, cargada de odio y cinismo a partes iguales -resuena el eco de la maravillosa autobiografía de Reinaldo Arenas, Antes que anochezca. El abandono de la isla supone una ruptura con sus raíces -solo la figura de la abnegadísima madre y algún amigo aún perviven- y un incansable esfuerzo por reconstruir la identidad perdida, ya desde Estados Unidos, donde lleva una vida en medio de una aséptica neurosis obsesivo-compulsiva, evitando en su apartamento el contacto social y los lazos emocionales estables -interrumpidos ocasionalmente por la presencia de Ruth, una mujer mayor que Claudio, divorciada y aficionada a los antidepresivos-, amparado en su soledad por obras literarias y tratados filosóficos.

A casi 6000 kilómetros de distancia, se encuentra Cecilia, estudiante mexicana que ha ejecutado también una fuga hacia adelante, dejando en Oaxaca el terrible trauma del abandono materno a edad temprana y una adolescencia difícil y marcada por la introspección, la asepsia en temas sexuales y la fascinación por los cementerios. En París, se instala en un apartamento junto al camposanto de Père-Lachaise, desde donde observa los oficios funerarios y entabla una relación con su vecino gravemente enfermo (casi siguiendo los grados de los tratados amorosos medievales -enamorándose primero con el oído, escuchando el ritual de quehaceres y sonidos rutinarios que ejecuta al otro lado de la pared-), con quien comparte afición por los paisajes funerarios y el culto a los difuntos ilustres.

Las historias de estos dos personajes, que han decidido negarse la posibilidad del desexilio (en palabras de Mario Benedetti), se van estrechando progresivamente en cada acto de uno que se espeja en el otro, sin saberlo; sus vidas convergen en un encuentro fortuito que bien podría expresarse bajo un verso del poeta colombiano Rogelio Echevarría: “Busco una soledad que prolongue la mía”. El amor entre Claudio y Cecilia surge del reconocimiento de las carencias y angustias propias en el paisaje sentimental del otro, en el hecho de saberse hermanado con el otro en el proceso terrible y cotidiano de llevar una pesada carga sobre los hombros.

La sutil -que no fácil- prosa de Nettel vertebra acertadamente una estructura fragmentaria y que discurre con enorme fluidez desde la dinámica de los personajes, orquestada en paralelo, hasta llegar a los puntos de contacto, orgánicos y para nada impostados; una narrativa con eficaces flashbacks disparados por un gatillo casi proustiano que completan el mapa vital y las líneas argumentales, como si se tratase de uno de los puzzles de La vida. Instrucciones de uso del genio Georges Perec, cuya presencia, entre otras personalidades literarias (Colette, César Vallejo…) sobrevuela la obra -como homenaje, más que guiño, por parte de la autora-. Valga mencionar, además, la brillante banda sonora ofrecida al lector, con referencias musicales  que van desde el minimalista Philip Glass, la virtuosa trompeta de Miles Davis o los malogrados Elliott Smith y Nick Drake.

¿Qué más ofrecer como estímulo al lector para abrir las páginas de Después del invierno? En una entrevista de 1999, afirma el argentino Ernesto Sabato: El corazón del hombre es el que acusa los grandes misterios, el amor, la amistad, el bien, el mal, y esa soledad en la que finalmente todos nos encontramos []. Tal vez, cada uno encontrará, al acercarse a la novela de Nettel, un eco de sí mismo.

Después del invierno, de Guadalupe Nettel. XXXII Premio Herralde de Novela. Ed. Anagrama, 2014. 272 págs., ISBN: 978-84-339-9784-5, 17.90€

Luis Enrique Forero

Nacido en Bogotá, Colombia, en los albores de la edad del Discman, buscó asilo en España a principios de este siglo, debido a dos principales factores: la inminente vulneración de su integridad física y, sobre todo, el amor por la dieta mediterránea. Actualmente combina el cultivo de la Literatura de manera activa y pasiva (recita y publica cuentos allí donde se lo permitan -con o sin aplauso-) con los estudios universitarios de Filología y la publicación de crítica literaria y entrevistas a diversas personalidades del ámbito cultural, además de su creciente entusiasmo hacia la floricultura. Tras su paso por la Fundación Antonio Gala para Jóvenes Creadores, Luis E. Forero ha desarrollado una novela que, según fuentes cercanas, parece una pelea a puñetazos entre El hombre sin atributos y La conjura de los necios.

Todavía no hay comentarios

¡Danos tu opinión!