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7 Nov

Distancia de rescate, de Samanta Schweblin

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Fotografía de portada: Alejandra López

distancia de rescate

Es como un hilo entre el libro y tú.

¿Qué clase de hilo?

Un hilo fino, pero resistente. De esos que no se rompen por más que jales.

¿Un hilo invisible?

Yo soy el que habla en voz baja, a la vez que tecleo las palabras en mi MacBook Pro. Quien pregunta acerca del hilo es un hipotético lector. Le respondo que sí. Que es un hilo que no puede verse.

¿Y para qué sirve?

Sirve para que no puedas separarte del libro, para que no lo pierdas, o para que no te extravíes tú en la oscuridad aterradora que entretejen sus páginas. Cuando empiezas a leerlo, sientes que la piel se te llena de manchas y que no puedes moverte. Tú cuerpo permanece estático, petrificado. Sólo puedes deslizar los ojos, unos ojos enrojecidos y sin pestañas, de un renglón a otro, y cada rato, cada cincuenta y cuatro rengloncitos, veintisiete a cada lado, acaricias con cuidado el papel para pasar de página. La oscilación de los dedos es casi imperceptible. Hay que moverse lo menos posible y centrarse en lo importante.

¿Por qué?

Porque hay dos madres angustiadas que han perdido a sus respectivos hijos, y niños enfrascados en cuerpos que no son los suyos. Hay un marido que debería ser alcohólico en vez de adicto al mate, ironías de la vida bucólica, y otro que busca respuestas sin encontrarlas. Y hay una casa verde. Una casa con pinta de prostíbulo peruano y en cuyo interior vive una vieja hechicera que intenta salvar a los niños de la plaga.

Y la hechicera es quien expulsa a los niños de sus cuerpecitos enfermos. Enfermos por culpa de la plaga. Nadie sabe muy bien qué ocurre después. Ahora yo también lo veo, por más que no alcance a entenderlo. ¿Tú sabes qué ocurre, Jose?

No. No lo sé.

¿Sabes al menos qué es lo importante? Antes dijiste que hay que centrarse en lo importante.

Seguir leyendo.

¿Y qué más? ¿Qué más es lo importante? Necesito saberlo.

Nada más. Sólo seguir leyendo. No dejar que el hilo se rompa mientras duren las páginas. Permitir que uno de sus extremos permanezca adherido a tus entrañas. Notar como el corazón late cada vez más rápido y, ya al final, cuando no quedan renglones para sostener el hilo, quedarse con las hebras invisibles colgando del pecho.

¿Y qué más?

Sólo lee. Deja de interrumpir el relato. No hay tiempo.

Jose Serralvo

Escritor y jurista especializado en derecho internacional. Ha trabajado en el bufete Garrigues, en Naciones Unidas y en la ONG de derechos humanos Human Rights Watch. Actualmente es consejero jurídico en el Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR). Publicó su primera novela, Los elegidos, en 2013. En mayo de 2015 vio la luz su segunda novela, El niño que se desnudó delante de una webcam. Es también colaborador habitual de varios medios, entre ellos el blog Un libro al día y la revista cultural Jot Down.

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