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18 Nov

El cuerpo secreto, de Mariana Torres

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TORRES_ECS_C_IMPRENTAEstá claro que, a pesar de la controversia acerca de sus estudios y teorías expuestas, Sigmund Freud es uno de los intelectuales más influyentes del Siglo XX. Como imagen pública en el inconsciente uso deliberadamente esta palabracolectivo, goza del privilegio de ser conocido por prácticamente cualquier ser humano sobre el globo terráqueo, y sus investigaciones son fácilmente identificables, a grandes rasgos. Uno de sus focos de estudio más interesantes se centró en la construcción de la identidad individual durante la infancia, dividiendo el progreso psicosexual del niño en las fases oral, anal, fálica, y latente. Y es justamente referidos a este aspecto donde se produce una colisión sumamente curiosa: la concepción de la infancia desde el punto de vista freudiano frente a la todopoderosa opinión de la Iglesia Católica. En gran parte del planeta, la enorme influencia del catolicismo ha modelado todas y cada una de las ramas del pensamiento humano desde su invención. Si bien coinciden ambas doctrinas en presentar al Hombre como pecador desde el propio nacimiento, la idea religiosa de la infancia como fuente de pureza poco tiene en común con la aceptación freudiana de la perversidad en un niño como algo consustancial a la propia especie. Mariana Torres (Angra dos Reis, Brasil, 1981) publica en España su primer volumen o antología de cuentos breves, abordando precisamente la fragilidad, la vulnerabilidad de la edad temprana y sometiéndola a la confrontación del deseo y las pulsiones.

El cuerpo secreto (Páginas de Espuma, 2015) está compuesto por 34 cuentos cortos, algunos mínimos, en una apuesta por la reivindicación de la brevedad como característica digna de relevancia en el ámbito de la narrativa, merecedora de idéntica importancia que el proceso contrario en las denominadas novelas-río verbigracia Ulises (James Joyce, 1922) El hombre sin atributos (Robert Musil, 1940), La broma infinita (David Foster Wallace, 1996) o 2666 (Roberto Bolaño, 2004). Aun en los días actuales y con la presencia de inestimables referentes del género en castellano como Eloy Tizón, Andrés Neuman o Samantha Schweblin, hay quien desmerece el enorme esfuerzo artístico que supone condensar la materia, relegándolo al trabajo de la poesía. Y es que el esfuerzo es doble en el campo de la narrativa, pues, si se me permite la opinión, aquí además es prácticamente condición sine qua non construir un sistema con una interpretación menos prescriptiva al libre albedrío del lector. Desde el cuento que abre la antología, El hombre araña, se establecen las sólidas bases y el aparato simbólico y discursivo sobre el que gravitará toda la obra.

El cuerpo se nos muestra como un territorio concepto al que ya hace referencia el propio título del libro, cuya plástica de lo fisiológico permite recorrerlo en toda su extensión general y encontrando en cada detalle, cada cicatriz de esta orografía una historia tejida con sutileza incluso aunque se presente en su vertiente más escatológica y visceral. Podría catalogarse bajo el ala del surrealismo, del mismo modo que se le aplicaría este término a la literatura de Julio Cortázar, dado que Torres comparte con el maestro argentino una intención de supresión de la realidad, según las normas por las que entendemos el mundo cotidiano. Como ocurría en Carta a una señorita en París, donde el narrador describía con angustia el terrible mal que lo aquejaba, esto es, vomitar constantemente crías de conejo, en todo el paisaje literario de la obra que nos ocupa hoy, la autora genera con brillantez una invocación a los entornos etéreos, las situaciones marcadas por la constante presencia del acecho de la irrealidad, la materia sórdida que somete a los personajes e inocula en nosotros, lectores, una honda sensación de extrañamiento e incomodidad con cada página que pasamos. Y es en este punto donde Torres ejecuta un proceso de búsqueda de la primera mirada, del acercamiento libre de prejuicios, vicios y ruido cerebral del que solamente es capaz la infravalorada imaginación infantil. La mirada adánica ofrece un universo propio, intangible e inaprensible y sin embargo de una belleza atroz. Árbol monstruo niño árbolen mi opinión, la médula de este conjuntopresenta una excepcional aproximación, entre la ternura y la barbarie, a la historia del pequeño Óscar y el árbol que ha comenzado a crecer en sus entrañas, narrada desde una perspectiva colectiva del adulto como una masa informe, idiota e incapaz de acercarse, de acariciar siquiera la profunda magnificencia que habita en la incertidumbre, en el acto de dejarse sorprender. Muy al hilo de esta cuestión ocurría una curiosa anécdota, más o menos apócrifa, en una entrevista al cineasta Tim Burton: durante la promoción de su película Eduardo manostijeras (Edward scissorhands, 1990), un periodista cuestionaba la verosimilitud del relato, preguntando por el origen de los enormes bloques de hielo que el protagonista transformaba en hermosas esculturas. Burton entró en cólera y simplemente contestó Si preguntas por esto, significa que no has entendido absolutamente nada.

El cuerpo secreto explora además otra vertiente de la infancia, nada más y nada menos que los abismos de la memoria y su falibilidad como instrumento de conservación de la identidad. El personaje de En la cuerda floja, espectacular cierre de la antología, se sorprende ante la contemplación de su propio pasado, a través del encuentro con la hija de una antigua amiga, casi transfigurada en la propia madre, y el visionado de una caja con fotografías que no recuerda en absoluto. El cuerpo, como todo mecanismo, aspira al movimiento perpetuo, a la inmortalidad, pero pronto choca con la terrible constatación de su fragilidad ante la inclemencia de la voracidad del Tiempo. Deudora de la encomiable imaginación del genio francés Boris Vian y la perfección del proceso de destilación literaria de la argentina Ana María Shúa y el hondureño Augusto Monterroso, Mariana Torres ha escrito treinta y cuatro auténticas joyas vertebradas por cada uno de los elementos que nos hace humanos, la fragilidad de la carne entre la inocencia y la perversidad, la ternura y el brutal salvajismo, demostrando así la óptima salud de la Literatura Latinoamericana.

El cuerpo secreto, Mariana Torres,Ed. Páginas de Espuma, 2015, 129 págs., ISBN: 978-84-8393-187-5

Luis Enrique Forero

Nacido en Bogotá, Colombia, en los albores de la edad del Discman, buscó asilo en España a principios de este siglo, debido a dos principales factores: la inminente vulneración de su integridad física y, sobre todo, el amor por la dieta mediterránea. Actualmente combina el cultivo de la Literatura de manera activa y pasiva (recita y publica cuentos allí donde se lo permitan -con o sin aplauso-) con los estudios universitarios de Filología y la publicación de crítica literaria y entrevistas a diversas personalidades del ámbito cultural, además de su creciente entusiasmo hacia la floricultura. Tras su paso por la Fundación Antonio Gala para Jóvenes Creadores, Luis E. Forero ha desarrollado una novela que, según fuentes cercanas, parece una pelea a puñetazos entre El hombre sin atributos y La conjura de los necios.

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