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16 Nov

El día más blanco, de Raúl Zurita

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9789568228941-1-1En cierta ocasión contó Raúl Zurita el derrumbe que para él supuso el hecho de ver arrojados al mar sus poemas. Era el Chile de 1973 y parte de esa «muerte rediviva» desembocó años más tarde en su obra maestra, Purgatorio (1979). Toda gran crisis necesita intérpretes de altura, y Zurita constituye, hoy día, uno de los ejemplos superlativos de la historia reciente de Chile.

El día más blanco, publicado por Literatura Random House, es un personalísimo texto autobiográfico, que fue escrito hace dieciocho años y que el autor ha revisado y dotado de más realidad ahora. Prosa poética como arma de un autor en una búsqueda continua.

El libro está enmarcado por dos citas, dos epígrafes que nos dan cierta idea sobre las contraposiciones que el autor exhibe en sus páginas (de una forma totalmente intencionada). La cita que abre el texto pertenece a René Magritte: Ceci n’est pas une pipe, archiconocida sentencia que nos lleva a recordar su «traición de las imágenes» y nos invita a la reflexión al negársenos la identidad del objeto representado. Mediante estas interacciones, Zurita busca desconcertarnos. O prepararnos quizá.

El otro epígrafe reza así: «Muero feliz porque muero en la belleza. Uno habrá que nos recuerde el nacimiento: un río, el mar, la oscuridad de otras calles donde algo, tal vez algo semejante a nosotros, se levanta del sueño y camina». Su yo telúrico nos describe cierto fin esperanzador, es su manera de abrir la tierra y extraer luz de una herida. En dicha frase, observamos la otredad que Zurita muestra deliberadamente en el libro, y es ese desdoblamiento del yo el que hace que, en cierta forma, los lectores abordemos la historia de su primera juventud como propia, cuando el propio Zurita la aborda como ajena.

El primer capítulo nos habla de un ser que medita sobre su vida en mitad de un desierto: «La enorme costra de sal le otorgaba al desierto esa blancura delirante que sólo pueden comprender los locos, los fanáticos o los puros». De esa manera, casi onírica, ve pasar en forma de torbellino rostros humanos que una vez conoció, con un vigoroso sentido del equilibrio que se empeña en hacernos partícipes de su prosa, de unirnos a ella, como «un río de palabras».

«Comprendo entonces que todos los rostros son uno. Que siempre han sido uno y que es sólo la infelicidad la que nos hace creer que son distintos».

Zurita nos habla de su infancia y primera juventud, y será en forma de recuerdos, con una inocencia tangible que se va descomponiendo por esa huida forzosa que representa la madurez. Figura central en esta época será Veli, su abuela, que junto con su madre y su hermana conforman el hogar del niño que fue Raúl Zurita. Como decimos, Veli, una genovesa atada a su tierra hasta la muerte, constituye el epicentro de su existencia y será la responsable de la obsesión del autor por La divina comedia de Dante, a la que acude como socorrido faro de luz. Puede que le debamos a ella la sensibilidad y el amor a la literatura que fue adquiriendo casi de forma natural su nieto, el futuro ciudadano Raúl Zurita que años más tarde utilizará la ciudad en sí como espacio de creación.

Central será su forma de poner rostro a las personas que tuvo cerca y de adentrarnos hasta conocer al torturado ser que se ve morir en el fondo de las páginas. En ellas, se amarra al lenguaje como intento de detener la disposición de esos rostros en el olvido.

«Aunque quisiera no debo ni puedo retenerla pues ella misma, su cara, su voz, sus arrugas, están más allá del lenguaje».

Llegaremos hasta la década de los 70. El golpe de estado de Pinochet marcará un antes y un después en un autor que se ve irrumpido, en medio de una crueldad inmutable que lo hace sentir roto. La aversión y la desesperación aparecerán en su obra en forma de «cicatriz».

«¿Sobrevive alguna cosa o sólo es real el río inacabable, el río de las palabras que he robado?»

Raúl Zurita escribe una obra sobre la transmutación del ser, sobre los rostros, sobre sus recuerdos. Todo ello en una realidad palpable que refleja una de las épocas más convulsas de la historia reciente de Chile. Zurita nos deja una contraposición que no deja de ser un juego para las mentes libres: que no es una novela, que es poesía que no es poesía, que es novela.

Blanca Carvajal Ayala

Blanca Carvajal Ayala (Sevilla, 1981) es historiadora del arte, especialista en Museos y Patrimonio. Es lectora y colabora en revistas literarias.

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