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21 Dic

El espíritu de la ciencia ficción, de Roberto Bolaño

roberto bolaño

el espíritu de la ciencia ficciónLa literatura es un mercado. Si entendemos este como un sistema basado en la oferta y la demanda, la literatura ha pasado de ser posiblemente el arte más completo (el de mayor equilibrio entre lo actual y lo atemporal) a convertirse en una industria, otra más, donde prima el lucro por encima de la calidad. Solo hay que echar un vistazo a lo que se publica, a las listas de ventas, incluso mirar algún bochornoso programa de televisión, para observar lo que estoy diciendo. La literatura hoy es solo evasión y entretenimiento a pesar de honrosas excepciones. Ahora escribir es una profesión, el arte un negocio y los usuarios de bibliotecas clientes. Llegados a este punto cabría preguntarse: ¿Cuál es el fin de la creación artística? ¿Indagar en lo más profundo de nosotros? ¿Activar los resortes de la conciencia emocional? O por otra parte, ¿es solo una cuestión de fortuna y fama? Todos sabemos que la literatura solo sirve para ligar, y ya ni eso.

En estos días, Alfaguara, la nueva casa donde depositar la obra de Roberto Bolaño tras su mudanza de Anagrama, ha publicado El espíritu de la ciencia ficción, obra póstuma del autor, otra más, que parece que fue concebida por la década de los años 80 cuando ya residía en Blanes. En ella se nos cuentan las peripecias de dos jóvenes letraheridos en el México D. F. de los años 70: Remo (personaje que volverá a aparecer en La pista de hielo) que lleva el peso narrativo de la historia, y Jan, un aficionado a la ciencia ficción que se dedica a mandar cartas a sus autores favoritos. Y bueno, ¿qué tal? Pues la sensación que le queda a uno es que no ha habido un criterio ni una selección estrictos, posiblemente porque no daba lugar a más, no hay más que rascar, sencillamente. Tanto es así que lo mejor de este texto inédito, Manifiesto mexicano, ya había sido publicado en el New Yorker hace algunos años. Lo demás, con algunas salvedades, como ciertas cartas de Jan «la guerra puede ser detenida con sexo o religión» es olvidable, muy olvidable. No han dejado fuera ni las cáscaras. Que sí, que vemos a la pareja Remo y Jan y no podemos evitar pensar en Arturo Belano y Ulises Lima como caras de una misma moneda; que la estructura, esa mezcla entre el género epistolar epistolar con el relato de iniciación en primera persona, nos recuerda a Los detectives salvajes; que intuimos muy de lejos cómo nos enfrentamos a una roca gigantesca, con miles de salientes, ángulos y filos, dispuestos todos ellos a ser examinados desde diversos puntos de vista, con una heterogeneidad de lecturas interminables, de gran complejidad y siempre turbadoras. Incluso se podría considerar que, teniendo en cuenta que la obra de Bolaño es relativamente reciente y su estudio académico reducido, aunque cada vez menos, esta obra podría aportar un pequeño grano de arena a lo que podría pensarse será una sólida montaña con el paso de los años.

Podríamos detenernos y hablar de la obra de Bolaño como una descripción de la crisis del individuo resultado de la herencia de la literatura anterior y al mismo tiempo de una nueva época fragmentada; o también de sus personajes como brillantes recursos para expresar los interrogantes fundamentales de la humanidad que no pueden ser revelados con palabras. Podemos hablar del lenguaje de Bolaño que no aparece como un camino hacia la verdad demostrable o hacia el pasado que puede redimirnos, sino más bien como una espiral o una galería de espejos. Sí, todo eso podemos si quieren acariciarlo en algunos pasajes del libro donde reconocemos al autor. Pero, atención, no caigamos en el error de pensar que este libro es una publicación de Bolaño: no lo es, son sus sobras, no aportan nada nuevo más allá de la mera posición de un voyeur, un fan o un estudioso de su obra que se emocione al contemplar su letra minúscula y apretada, que aparece en ese anexo final que, por otra parte, solo viene a confirmar lo que ya se sabía sobre su metodología de trabajo.

¿Es lícito publicar esto? Muchos se llevarán las manos a la cabeza con este expolio al cajón desastre de su papelera, otros caerán rendidos ante algo nuevo que catar. Qué más da. A Bolaño le parecería bien si eso asegura el porvenir de su familia (total, vivió de ello casi toda su vida). Su muerte no fue inesperada, la rumió durante años, por lo que era muy consciente de que esto iba a pasar. En vida no, pero una vez muerto a mí qué. En el prólogo, el crítico mexicano Christopher Domínguez intenta vendernos una moto. Vamos camino de tener más póstumos de Bolaño que libros publicados en vida. ¿Es algo criticable? Pues allá cada cual, de lo que estoy seguro es de que a Bolaño le hubiera parecido un buen plan.

Rafa H. Pavo

Nacido en Hospitalet de Llobregat (Barcelona, 1978), a los cuatro años su familia se mudó a Sevilla, donde fue criado y educado. Es bibliotecario en la Universidad de Sevilla, concretamente de la Escuela Técnica Superior de Ingeniería.Es Licenciado en Historia del Arte y tiene estudios de Filología Hispánica. También tiene un Máster en Literatura General y Comparada y otro de Creación Literaria, ambos por la Universidad de Sevilla

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