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31 Ene

El tiempo de la convalecencia, de Alberto Giordano

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Alberto Giordano (Rufino, 1959) reside en Rosario desde 1971. Es crítico y ensayista. Dicta clases de teoría literaria en la Universidad Nacional de Rosario. Como investigador de CONICET se ocupa de las llamadas ‘escrituras del yo’ y de los modos del ensayo literario. Entre sus diversos libros se destacan: Modos del ensayo (1991), Roland Barthes. Literatura y poder (1995), El giro autobiográfico de la literatura argentina actual (2008) y El pensamiento de la crítica (2015). El tiempo de la convalecencia (Iván Rosado, 2017) es su último libro publicado.

Analizando el diario de Ricardo Güiraldes en La contraseña de los solitarios (2011), Alberto Giordano apura una sentencia: «La decisión de llevar un diario para que sirva como técnica de autoexamen, tiene un primer e inmediato efecto disciplinario: la transformación de cada día en algo de lo que habrá que dar cuenta.» En ese mandato se pueden establecer las coordenadas de El tiempo de la convalecencia: un registro de los avatares del autor que le permitan autoexaminarse. Aquí la palabra ‘examen’ se reviste de un poder simbólico dual: por un lado se sirve de las entradas que diariamente postea en Facebook para plasmar sus pensamientos y sensaciones, revisándolos (‘pasando revista’), y por otro va construyendo una hoja de ruta sobre su estado de salud mientras convalece, buscando dar testimonio —como testigo, pero también como médico— de lo que le acontece.

Se mencionó a la pasada, pero no se explicó la materia de la que se compone el libro: Giordano trabaja a partir de una serie de anotaciones/reflexiones que efectúa en un arco un poco mayor a un año y que permiten, de manera fragmentaria, acompañar las impresiones, los temores, recuerdos, desavenencias y esperanzas que guarda el diarista. El ejercicio de registro experimental me recordó vagamente a las novelas de pared de Sophie Calle que Vila-Matas trae a colación en Porque ella no lo pidió: en su gesto deliberadamente performático, el autor va parcelando su vida en el ‘muro’ de Facebook (acaso un símil de las ‘paredes’ que emplea la artista francesa en sus proyecciones).

Un asiduo lector de Roland Barthes se vería tentado a verificar la correspondencia entre el programa de Giordano —estudioso y conocedor de la obra de Barthes— en El tiempo de la convalecencia y el que llevó a cabo el francés en Roland Barthes par Roland Barthes: registrar pacientemente ‘la jouissance de peindre, d’écrire, de classer’ (el goce de pintar, de escribir, de clasificar). Salvando las diferencias entre ambos ejercicios, subyace en ellos la voluntad de transmitir un camino de la enseñanza sin impostura, un trazo de la experiencia sin evitar los matices y una preocupación constante: la forma en la que se ‘lee’ la vida misma.

El libro está plagado de autores que se van repitiendo y autoafirmando en su carácter de imprescindibles para la construcción del diario: Aira, Schlegel, Ritvo, Cerda, Couve, Miller, Léautaud, Chacel, Donoso, Montaigne, Styron, Piglia. También está plagado de frases, algunas de las cuales, como ésta de J. A. Miller nos entregan muy gratuitamente un espacio para la reflexión acerca de los límites del inconsciente: «El hombre está condenado a no saber más que a posteriori lo que quiso», y otras en donde el mismo autor se encarga de inocular una especie de ‘teoría del rescate’ del ser-en-sí (esa forma que se aparece a la conciencia y permite teorizarla): «más difícil que sobrellevar la ausencia de alguien irremplazable es vivir sin uno mismo».

Bitácora de viaje, cuaderno de incidencias minúsculas —pero de una magnitud simbólica considerable— y de expiaciones varias, en el libro de Alberto Giordano conviven y convergen los estratos que Constantino Bértolo remarca como necesarios en un proceso multidialógico para que una experiencia total de lectura de desarrolle plenamente: lo textual, lo autobiográfico, lo metaliterario y lo ideológico. Dicho lo anterior, solo resta entregarnos al placer del texto.

Raúl Andrés Cuello

Raúl Andrés Cuello (Mendoza, 1988) es licenciado en Enología, máster en Viticultura y Enología y se desempeña como becario en el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) y en el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), ambos de Argentina. Realiza su Doctorado en Ciencias Biológicas en la Universidad Nacional de Cuyo en el área de Biotecnología de Levaduras Vínicas. Paralelamente a esto colabora realizando reseñas de libros, entrevistas o ensayos en diarios y revistas culturales de Argentina (Otra Parte y Cultura Irracional). En 2015 publicó Magias Parciales, su primer libro de relatos. Desde 2014 a la fecha se encuentra trabajando en una novela experimental cuyo título es La imposibilidad de la escritura.

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