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26 Ene

Elogio de la duda, de Victoria Camps

Victoria Camps

Fotografía de portada: Vicens Giménez (El País).

573e23ef14e2d«Vivimos en tiempos de extremismos, antagonismos y confrontaciones», escribe Victoria Camps al inicio de este ensayo. La idea de la «diferencia» como una fuerza generadora de tensiones constructiva parece hoy una utopía estúpidamente ingenua. El rechazo a la diferencia se ha radicalizado desplegando una ignorancia cada vez más tosca, agresiva y poderosa.

En 1996, desde El malestar de la vida pública, Camps avisaba de la necesidad urgente de apuntalar el respeto a los valores éticos en la sociedad, alertando sobre los riesgos latentes que conllevaba seguir permitiendo su deterioro y que, lamentablemente, han acabado deviniendo en los rasgos definitorios de la actualidad. Significativamente, el libro estaba encabezado por una cita de Albert Camus relativa al «nosotros», a la esencialidad de la idea del «nosotros» para evitar que la sociedad pierda su dirección. El ensayo era una llamada a resistir en colectivo contra la atomización y la inercia que empujaba a que cada individuo pasara a formar parte de esa masa pueril, maleable y anulada en manos de los intereses de gobiernos y corporaciones. Era un «nosotros» singular, pero no comprendido como homogeneidad sino como acuerdo de pluralidades, de diferencias. Y Camps redactaba ese libro dirigido a la conciencia de «nosotros» de cada lector.

La palabra de fondo en El malestar de la vida pública era «democracia», y ésta es también la que sustenta Elogio de la duda. No obstante, hay un evidente y lógico cambio respecto al concepto del interlocutor-lector al que Camps se dirige y que, ante esta presente multiplicación de maniqueos y monolíticos «nosotros», pasa a ser el individuo. Camps comprende que, hoy por hoy, la posibilidad de una recuperación de los valores democráticos y humanos depende de manera crucial de la propia toma de responsabilidad y exigencia de coherencia que cada uno de nosotros efectúe respecto a su propio albedrío y capacidad crítica frente al entorno ideológico que nos rodea: «Solemos hablar con desprecio del individualismo propio de nuestro tiempo, un rasgo que ha conseguido atomizar a las sociedades en individuos que van cada uno a lo suyo sin sensibilidad alguna hacia un interés general o un bien común.- escribe.- […] Opuesto al individualismo, se erige, sin embargo, otro ideal que es de la ‘individuación’ que significa que un individuo, en un Estado de derecho, debe ‘devenir sujeto’. Para devenir sujeto hay que ser valiente y resistirse al proceso de ‘normalización’ llevado a cabo por los dirigentes de las democracias para evitar el peligro de entropía que amenaza a todo fenómeno humano».

La reivindicación de la duda como un elemento a través del cual garantizar el rigor y honestidad de nuestros propios criterios, que nos impulse constantemente a cuestionar individualmente y mantener un saludable punto de descreimiento ante cualquier certeza o afirmación (incluso las nuestras propias), no es únicamente la propuesta de un antídoto. Es también el argumento que permite a Camps efectuar un repaso exhaustivo, y desde una perspectiva crítica, a todos los temas esenciales del presente: el delicado panorama político, los nacionalismos, el conflicto entre Occidente e Islam, la corrupción, los excesos del neoliberalismo y sus consecuencias sobre el bienestar social, los peligros de la corrección política… Y no solamente esto.

La sencillez y claridad con que Camps escribe este libro disimula el profundo y crítico conocimiento que ésta posee tanto de la filosofía como del estado del tiempo en que vive y que en éste se despliega. El lector concluye el libro con la impresión de haber atendido a la reposada pero vitalizante lección de una sabia y generosa profesora, que ha brindado un recorrido lleno de sentido por la historia del pensamiento, señalando las concomitancias entre pensadores de diferentes siglos y cómo la esencia de sus ideas y conceptos nos hace comprender la importancia del hesitar para evitar ser arrollados por credos y dogmas, y refuerza el sentido de valor y el gran trato de cuidado que hemos de otorgar a nuestra propia libertad.

Pero lo que perfecciona la forma y fondo de esta lección es que el acto de escritura de este libro es, de hecho, un ejercicio activo de la autora sobre aquello mismo que está reivindicando: Camps, que ha aludido aquí incesantemente a la figura de Montaigne —quien «nos enseña a no rehuir las contradicciones internas, a vivir a gusto en la incertidumbre»— concluye planteando el ensayo como un territorio dentro del que pensar y reflexionar también sobre el pensar, no para la formulación de credos ni certezas de saldo.

La duda es hoy necesaria como una seña de esfuerzo por actuar con valentía y madurez, tanto ante las crisis colectivas como las individuales. Dudar no es signo de tibieza, ni de indecisión, ni de pasividad, sino muestra de una actitud «reflexiva y prudente», sustentada en el respeto a la ética (la cual «parte de unas pocas convicciones claras, pero difusas y mantiene una actitud abierta y dialogante con el fin de ir dando de contenido esos grandes conceptos que la sustentan» y que es necesaria «porque nunca estaremos seguros de tener la razón de nuestra parte. Por esto tiene que basarse en la modestia y la moderación»). Destacable es por ello su mención también en este libro a Albert Camus, presentándolo como un posible buen referente para la actualidad: un individuo que prefirió aferrarse a la moderación y ser alguien cuyas dudas lo convertían en una figura incómoda para muchos de sus contemporáneos. Dudemos. Seamos rebeldes antes que revolucionarios.

Alicia Guerrero Yeste

Estudió Historia del Arte. Su labor profesional se ha centrado en el ámbito de la arquitectura, pero su interés fundamental está en esos espacios que Gaston Bachelard denominó 'la inmensidad íntima'.

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