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1 Mar

La cura, de María Melero

maría melero

cubierta la curaUn libro como viaje, un viaje como rito, un rito como transformación catártica. La obra novel de la ilustradora María Melero deleita al espectador/lector con toda una serie de ilustraciones y textos que proponen un tránsito que va desde el miedo y el dolor hasta nada menos que «la cura», justo el título de la obra. A través de varias hojas compuestas por ilustraciones a página completa e impresas a todo color, quien se enfrenta a esta publicación no sólo atiende a una exposición íntima y personal de una lucha que ha vivido y experimentado la autora, sino que, de algún modo, se convierte en cómplice y partícipe de la misma en la medida en que María Melero le transmite una suerte de secreto: cómo ha encontrado este remedio. Por ello, la lectura supone ir más allá de un relato impersonal al que te puedes aproximar desde la distancia; implica, en cambio, acercarte a una narración compuesta por imágenes y textos en la que la ilustradora expone su paso de un estado inicial de parálisis, miedo e inseguridad, a la decisión de enfrentarse al peligro, asumir el combate sin antídotos ni trampas, aceptando la vulnerabilidad porque justamente es ahí donde reside la fuerza y, al final de todo ello, se esconde la cura.

Un viaje, pues, introspectivo, que convierte esta obra en un ejercicio de sinceridad, en un acto de desnudarse para transmitir un proceso íntimo y personal, lanzándolo al espectador para que tome el testigo y sea capaz de enfrentarse a sus propios miedos y a sus propios monstruos. Porque como ya dijo una vez un gran pintor, «el sueño de la razón produce monstruos», y es que, a veces, la solución no pasa por acudir a la parte más racional sino en ser capaces de indagar en aquello más íntimo, visceral o inconsciente. Las ilustraciones de esta artista apelan, de manera directa, al inconsciente de quien las mira y actúan no sólo como meras imágenes concisas y cerradas sobre qué es el miedo, sino que evidencian la estrecha línea que existe entre lo onírico y la vigilia, entre el interior de uno mismo y la canalización de las vivencias y los temores que fluyen desde el exterior hasta el yo más profundo. Y es que el temor y el miedo han sido, claro está, el motor que ha puesto en marcha numerosos mitos y sus consecuentes ritos que han pretendido acercarse y dar forma a esas emociones tan puras e inefables.

Por ello, resulta extremadamente adecuada la introducción que plantea en esta obra Jessica Aliaga Lavrisjen y sus alusiones a la mitología, a Freud, a los arquetipos de Carl Gustav Jung o a los ritos de paso de Arnold Gennep, pues establece muy bien los fundamentos en los que reposa este libro que, en el fondo, se aproxima a la transformación ritual como cura a partir de una exposición de sensaciones y procesos internos propios. Y estos se expresan a través de unas imágenes que surgen de su inconsciente y, por ello, penetran en el nuestro. Sucede así porque carecen no sólo de filtros sino también de una tradición y tipificación visual concreta según la cual una determinada forma equivale a un significado preciso; por el contrario, se recurre a imágenes despojadas de convenciones para que funcionen, justamente, como esas formas primigenias, sin tamiz alguno, emanadas y disparadas desde el inconsciente.

Además, estas se ofrecen al receptor de un modo directo y se acrecienta la idea de vivencia personal por medio de un texto escrito en primera persona y que no se anda con rodeos: la primera palabra de todo el libro es miedo, así como también es la primera que viene acompañada de una imagen, un perro, clara representación de esos temores que devoraron, en el sentido más literal —y visual, en este caso— a la autora. Por otra parte, también en este mismo texto se explicita que esta emoción afecta a todos los animales y, por tanto, también al lector, indicando exactamente lo siguiente: «El miedo puede ser real o supuesto, presente, futuro o pasado. Es una emoción natural al riesgo o a la amenaza y se manifiesta en todos los animales, eso te incluye a ti. Puedes leer esta definición en cualquier parte, sentirla ya es otra cosa». Esa voluntad de subrayar que el ser humano es un animal supone desprenderlo, claro está, de todos esos ropajes de racionalidad, así como también en estas frases se advierte una voluntad de interpelar al lector de manera directa, de eliminar cualquier distanciamiento, subrayando la importancia del «sentir», de aquello sensorial. De poco o nada sirve conceptualizar el miedo si no se siente. Y eso es justamente lo que evita esta obra: no teoriza sobre qué es el miedo y cómo nos afecta, sino que expone un sentimiento personal, un mirar frente a frente al temor y cómo en ese viaje se logra una cura.

Mayor protagonismo tiene, sin embargo, la imagen que la palabra. De este modo, una serie de conceptos como «El miedo», «La lucha», «El veneno» y «La cura», tienen sus correspondientes ilustraciones y se simbolizan a partir de múltiples animales y seres monstruosos que funcionan como traducciones oníricas o del inconsciente, realizadas con unos colores muy vivos y con un estilo muy personal, totalmente liberado de convenciones o patrones concretos. Además de su indudable calidad artística como demostración de una gran capacidad inventiva e imaginativa, otro acierto de esta obra es la decisión de haber mantenido ciertas palabras tachadas, pues contribuye a reforzar esa idea de escritura automática, de ese emanciparse de los filtros de la razón y mostrar el resultado como, tal vez, un libro procesual; o en otras palabras, como fruto de un proceso y no como una reflexión fría y analítica, exponiendo y dando visibilidad a ese yo más interno.

Resulta muy interesante, hoy en día, esta noción de la existencia real de alguna cura para algo, de ahí que el libro tenga un final optimista y se constituya en la exposición de un ejercicio de autoconocimiento que se ofrece al lector dándole las herramientas para que pueda encontrar esa sanación, comunicándole ese rito de paso. Esta publicación se convierte, pues, en un ejercicio de honestidad y generosidad. Sin duda, lo mejor del arte es que cuando se acaba una obra y se ofrece al público, esta ya pasa a ser del público; en este caso, todavía va más allá: se libera y se ofrece, en circulación abierta, un proceso, un viaje terapéutico del síntoma a la solución por medio de un libro de contenido directo, cercano y comunicado sin ambages. Constatamos, pues, que todavía hoy se puede creer, sin resultar anacrónico, en el valor catártico de una obra.

Marta Piñol

Licenciada en Historia del Arte por la Universidad de Barcelona, realizó el Máster de Estudios Avanzados en Historia del Arte en el mismo centro, obteniendo en ambos casos premio extraordinario. Actualmente realiza una tesis doctoral en la misma universidad, centrada en la representación de la emigración española en el cine y goza de una beca FPU2012 concedida por el Ministerio de Educación. Ha participado en numerosos congresos nacionales e internacionales y ha publicado diversos artículos, cuestiones que combina con la docencia en el Departamento de Historia del Arte de la UB y con labores en el ámbito editorial.

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