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16 Feb

La resistencia íntima, de Josep Maria Esquirol

foto portada de Óscar Romero

Fotografía de portada: Óscar Romero

cubierta librosEl plato en la mesa, el aceite y el pan”. La mesa como símbolo del hogar, del acogimiento, de la cercanía y la labor diaria. El aceite y el pan como imperecederos testigos de la fertilidad de la tierra y del eterno retorno del esfuerzo del hombre. En resumen, la sencillez de la vida en sus máximos exponentes y a través de la mirada exhaustiva de la cotidianeidad. Un comienzo atípico para un libro que lleva por subtítulo Ensayo para una filosofía de la proximidad.

Novalis, el poeta romántico del XVIII, decía que la filosofía es la nostalgia por estar en casa. Y es justo ese deseo el que, en el libro de Esquirol, se convierte y transforma no en sentimiento melancólico sino en conducta de vida, en materialización de la sencillez como puntal para una existencia completa y compleja -en el fondo y la forma-.

Que no se llame a engaño el lector de La resistencia íntima porque no estamos ante un texto filosófico para especialistas. Y no se defrauden los especialistas porque lo que, aparentemente, es un libro muy agradecido de leer, en su interlineado presenta una exhaustividad argumental que pone en pie una teoría sólida: la resistencia, la proximidad y la sencillez como método ontológico, de ser y estar en el mundo.

Si consideramos la lectura como un puente dialógico entre autor y escritor La resistencia íntima se convierte, por derecho propio, en el ejemplo perfecto. El arma cargada de recuerdo en la que se convierte un lápiz es imprescindible para sacar el máximo partido a esta obra. Subrayar, anotar, iluminar. Josep Mª Esquirol consigue encauzarnos a través de pasillos y vasos comunicantes. Un entramado argumental que permite llegar a descifrar la complejidad, la completitud y la esencia de aspectos que pasan desapercibidos -por cotidianos-, como la soledad, la cercanía, el silencio, la resistencia. “En realidad, sólo quien es capaz de soledad puede estar de veras con los demás”, señala el autor, quien recurre a las palabras pintadas de un anacoreta, presentes en una casa muy deteriorada, en  Turín, y que nos aclaran que “.. quien va al desierto no es un desertor”.

El profesor Esquirol hace un extenso recorrido por una serie de conceptos con el fin de hacerlos cercanos, para extraer de ellos la esencia íntima y cercana que son capaces de mostrar, si se trabaja su parte más desconocida y accesible: aproximación, resistencia, nihilismo, existencia, conciencia… Abruma -pero en el fondo alivia- pensar que todo en nuestra vida está impregnado de filosofía. No corren buenos tiempos para esta materia, pero es justo este tipo de libros el que nos hace reconciliarnos -incluso a los que siempre estuvimos cerca y dentro de esta disciplina- con la filosofía.

Es el caso de los términos aproximación y resistencia, de las que Josep Maria Esquirol se vale para escribir un análisis cercano y real de la emoción, del estado de ánimo, de la movilidad que supone la contradicción de vivir, la pérdida continua del presente y la apertura al abismo que es el futuro. Aproximación y resistencia para recuperarnos de la percepción más nihilista de la vida: “El mundo no nos lo pone fácil y, en general, todo cuesta. Nuestras intenciones y nuestros proyectos chocan a menudo con la resistencia que implica la realidad. […] Sin embargo, también podemos usar la palabra resistencia para referirnos no tanto a las dificultades que el mundo pone a nuestras pretensiones como a la fortaleza que podemos tener y levantar ante los procesos de desintegración y de corrosión que provienen del entorno e incluso de nosotros mismos”.

Quizá el principal valor del libro resida en la capacidad para hablar de nosotros mismos, desde la generalidad, pero teniendo presente nuestra propia individualidad. Es un ensayo “a la carta” en el que todos podemos, en cualquiera de los sentidos y situaciones vitales, vernos reflejado en él.

Josep Maria Esquirol por Pere Tordera

Josep Maria Esquirol por Pere Tordera.

¿Es la existencia una resistencia? ¿Es solo una resistencia íntima o, por el contrario, tiene capacidad para exteriorizarse? ¿Puede hablarse de resistencia colectiva basada en la acción individual? Menciona Esquirol a “la resistencia como oposición al dominio impuesto, al abuso de poder, a la homogeneidad de los discursos únicos que obstaculizan la diferencia, la circulación enriquecedora de ideas...”. Estamos, por tanto, ante un necesario e imprescindible ejercicio de toma de conciencia para, desde el seno de la sociedad, fomentar “la inteligencia estratégica para autoorganizarse y perseverar a pesar de la persecución a la que sistemática e inevitablemente se verán sometidos los implicados”.

En este sentido, y a la vista de una actualidad tan sometida a los vaivenes de la política -con minúscula- en la que la sana aparición de opciones nos aturde y nos desorienta, ocupa un lugar central dicha toma de conciencia en la que memoria, esperanza y acción deben estar asociadas a la cara más activa de la resistencia. Evitar la huida, y sobre todo la huida hacia adelante, para caer en manos de la proximidad: “La proximidad no es una huida de lo inhóspito propio […] Este fondo propio pero inquietante queda en parte amortiguado por el carácter aterciopelado de la proximidad y por la cálida piel del prójimo”.

Esquirol es capaz de trazar en todo el texto una visión de conjunto de lo que ha venido en llamarse la filosofía contemporánea: desde Marx hasta Deleuze, pasando por Heidegger, Sartre, Lévinas…, un elenco que no debe asustarnos porque los trata con la madurez de quien ha sabido extraer de ellos todo lo mejor para sostener su texto, sin caer en excesos y con la sencillez suficiente como para considerarlos imprescindibles para saber aplicarlos a la cotidianeidad que nos une a la realidad. Porque como dice en una de sus páginas vivir no es solo vivir, es darse cuenta.

Es el caso de la presencia constante de Internet. Sin llegar a plantear una crítica directa contra las Tecnologías de la Información y la Comunicación sí nos advierte de las nuevas formas de alienación que pueden plantearse en casos extremos. Sirviéndose de Marx nos descubre que Internet y sus herramientas y aplicaciones “fascina y absorbe, y no queda nada o muy poco de íntimo; todo se externaliza, sale fuera para exhibirse y ya no habrá retorno. Esta es precisamente la definición de alienación, lo que sale y va y no vuelve. Debilitamiento del espíritu, de la personalidad, del sí mismo”.

Josep María Esquirol nos traza un perfecto itinerario cultural, filosófico y literario en tan solo 178 páginas. Es capaz de recurrir tanto a las Elegías de Duino, de Rilke, para interpretar el poder de lo sencillo, como recomendar a Chéjov o Kierkegaard para apropiarnos de la sencillez y cotidianeidad de la vida que, de alguna forma, nos termina salvando.

Cotidiano no como sinónimo de secundario, de rémora existencial de lo vivido en primer lugar, sino como intensidad, como norma, como excepcionalidad: “… la gente suspira por el éxito mediático o por la vanagloria del pequeño, o no tan pequeño, poder jerárquico, mientras la vida corriente sigue siendo menospreciada”. Salvo muy contadas ocasiones el discurso filosófico no ha ayudado demasiado a subrayar la valía de la cotidianidad, la cotidianidad como repetición. Es por esta razón, la razón de Esquirol y por extensión la que debería ser la de cada uno de nosotros, por la que se hacen imprescindibles textos como el que el pensador catalán nos presenta, que haga posible la crítica impecable del dogmatismo de la actualidad y la lucha contra todos los dogmatismos.

Termina Esquirol dulcificando el siempre áspero concepto de metafísica y se apoya en un término tan cercano como el de “ayuntamiento” entendida como la conexión, la “juntura” que une dos zonas límite: “el lugar donde lo superficial se hace profundo y lo profundo, superficial”. Para Esquirol la casa, como ejemplaridad de lo cotidiano y lo acogedor, se transforma no solo “en refugio ante el frío atmosférico sino también como refugio ante el hielo metafísico.”

Necesitaríamos más páginas para dar cuenta de la capacidad de un libro para permear todos y cada uno de los aspectos más íntimos, y más sociales, más interiores, y a la vez más exteriores, de nuestra vida. Un libro que acaricia la tarea del pensamiento desde la erudición más profunda, por desapercibida, y más necesaria, por lo cercana a la vida.

Luciano Vázquez

Licenciado en Derecho, en la UNED cursa las últimas asignaturas de Filosofía, su verdadera vocación junto con la escritura. Profesor de español como lengua extranjera titulado por el Instituto Cervantes, corrector de estilo y redactor de contenidos. De profunda devoción lectora, con especial admiración por la poesía, se inicia en la aventura de la crítica literaria de la mano de Vísperas. Seguidor de Montaigne y Russell en lo filosófico y de Gil de Biedma, Ángel González o Joan Margarit en poesía. Con algunos poemas publicados por la Editora Regional Extremeña, aspira a componer un poemario redondo y un ensayo sobre filosofía contemporánea.

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