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24 Mar

Las bailarinas no hablan, de Florencia Werchowsky

florencia werchowsky

las bailarinas no hablanFlorencia Werchowsky (Neuquén, 1978) se formó como bailarina clásica en el Instituto Superior de Arte del Teatro Colón. Ejerció periodismo en el diario Clarín y en la revista TXT. Desde 2008 trabaja como creativa publicitaria. Su primera novela se publicó en 2013 bajo el título de El telo de papá (Reservoir Books). Las bailarinas no hablan, publicada en 2017 bajo el mismo sello editorial, será la obra que trataremos en esta reseña.

A pesar de no ser su primer trabajo, se podría afirmar que la última intervención de Florencia Werchowsky en el campo de las letras tiene todos los condimentos necesarios para conformar un Bildungsroman: en sus páginas se recorre de manera amena el devenir artístico, sentimental y psicológico de su protagonista, quien se adentra en el circuito de la vida de una bailarina clásica con los avatares intrínsecos que la disciplina impone.

Una pequeña y su madre parten de una localidad del sur argentino hacia Buenos Aires para concretar la aspiración de una y el deseo reprimido de la otra de convertirse en una bailarina de élite. Una vez logrado este objetivo, madre e hija deben aprender a «aprehender» los usos y costumbres de los capitalinos como forma de supervivencia, tanto dentro como fuera de la danza. De ahí en adelante la autora se propone rescatar las particularidades de vivir en la gran ciudad —con las diferencias que surgen del contraste con la apacible vida en un pequeño pueblo del sur— dentro de la coyuntura histórica que a ésta le ha tocado transitar: la tumultuosa década de los noventa y la que le siguió en el siglo XXI en la Argentina.

En el libro se nos devela un Teatro Colón mediado por las impresiones de la protagonista, extrayendo jugosas reflexiones de tinte irónico: «Un fantasma recorre el Colón: es el fantasma del sindicalismo». Esto concuerda con lo que remarca Ariel Schettini en su florida reseña sobre el libro: «ningún teatro del mundo tiene la capacidad que tiene el Colón de integrarse al debate político y social con la determinación con la que se lo hace».

A su vez se nos dan a conocer tanto los artilugios que debe incorporar una bailarina para sobrevivir («el ejercicio de la mentira como proyección de la persona en ese medio puede ser también una forma de supervivencia») como el exigente medio en el que se desarrolla ésta —en una doble acepción de la palabra desarrollo, que incluye tanto lo biológico como lo artístico.

Lo que elabora muy bien Werchowsky, y es justo remarcarlo, es un retrato eficaz —sin desdeñar lo sentimental— de los desbordantes momentos que entrega la danza a quien forma parte de ella: «Finalmente de esto se trata el ballet: de una persona doblegando los pensamientos ordinarios de otra a fuerza de misterio, con una herramienta rara y específica que se forma a medida que se aprende a usar y se blande de manera personal, el arte le es propio a cada artesano y se manifiesta en una lengua común que cada uno pronuncia como le sale o como quiere».

La narración se vale de vertientes que repasan de manera no lineal las biografías de los personajes que componen el círculo coral de la protagonista, como maniobras de desestructuración del relato tradicional.

En suma, Las bailarinas no hablan es la prueba fehaciente de que Florencia Werchowsky posee una habilidad poderosa para utilizar la danza —con sus miserias y sus virtudes— como medio para revisitar escenas de la vida artística, política y social de un país que siempre se está haciendo desde las ruinas. Esa es su arma más valiosa y la que por momentos se destaca con fuerza en el libro. Por otro lado, abundan lapsos que empobrecen la trama —particularmente las páginas que tratan El Diario de Verón— y que parecen haber sido impuestas para engrosar el volumen del texto. Sin embargo, Las bailarinas no hablan, se constituye y se conforma con la voz de aquello que alguna vez fue reprimido y que hoy ha llegado hasta aquí trayendo todo de regreso a casa.

Raúl Andrés Cuello

Raúl Andrés Cuello (Mendoza, 1988) es licenciado en Enología, máster en Viticultura y Enología y se desempeña como becario en el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) y en el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), ambos de Argentina. Realiza su Doctorado en Ciencias Biológicas en la Universidad Nacional de Cuyo en el área de Biotecnología de Levaduras Vínicas. Paralelamente a esto colabora realizando reseñas de libros, entrevistas o ensayos en diarios y revistas culturales de Argentina (Otra Parte) y España (culturamas.es). En 2015 publicó Magias Parciales, su primer libro de relatos. Desde 2014 a la fecha se encuentra trabajando en una novela experimental cuyo título es La imposibilidad de la escritura.

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