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19 Sep

Líbranos del bien, de Alonso Sánchez Baute

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9789587581201Hay pocos países que me produzcan tanta fascinación como Colombia. En los años noventa, cuando yo era un niño apasionado de la geografía (¿que quedó de aquello?) y la historia, Colombia era sinónimo de peligro. Era el País, así con mayúsculas, donde ocurrían cosas horribles. Era el lugar donde todo lo malo, y algo más, tenía lugar. No digo que realmente fuera así, pero era la imagen que se difundía de forma masiva, como ocurre en la actualidad con México. Ciertamente, esta sobreexposición que vivió el país americano sirvió para que me interesara por su historia y por su literatura, aunque en esto también tuvo mucho que ver mi madre y sus libros de García Márquez. Con el paso de los años nunca he dejado de seguir de cerca los sucesos políticos del país y sobre todo de leer a los autores y autoras colombianos que iban apareciendo. Esto es lo importante, sobre todo porque Colombia es una fuente inagotable de buenos escritores. Y en esa categoría situaría al autor de hoy, Alonso Sánchez Baute (Valledupar, 1964) con la obra Líbranos del bien, publicada por Alfaguara dentro de la colección «Mapa de las lenguas». El autor hace una investigación personal para intentar explicar la historia de dos vecinos suyos que acabaron en las Farc y en los paramilitares. El autor no solo se acerca a los personajes, también aborda la transformación de la ciudad para acabar contando cómo Colombia se convirtió en el País donde ocurren cosas horribles.

Líbranos del bien es una crónica novelada sobre dos personas reales, Ricardo Palmera y Rodrigo Tovar Pupo, que acabaron convirtiéndose en dos personajes públicos, Simón Trinidad y Jorge Cuarenta respectivamente. Trinidad se convertirá en un destacado guerrillero con las Farc y Cuarenta será comandante paramilitar en las AUC. Ambos fueron vecinos en Valledupar, distanciados por unas casas y separados por unos años de edad. Palmera y Tovar, Trinidad y Cuarenta, las dos caras de la misma moneda. De fondo una guerra civil interminable y Colombia. El autor cuenta la historia de los dos personajes a través de un narrador identificable consigo mismo, ya que no solo comparte nombre sino también otros elementos como que es un escritor homosexual afincado en la capital (Bogotá). Se alternan capítulos de este narrador con otros, escritos enteros en letra cursiva, donde el autor de Al diablo la maldita primavera da voz a Josefina Palmera de Pupo, una anciana centenaria que va contando la historia del pueblo y de los dos protagonistas. Este personaje relacionado con los dos protagonistas, como se puede ver en los apellidos, es inventado por Sánchez Baute, y representa la voz de los habitantes de clase alta y más antiguos de Valledupar, porque Tovar y Palmera eran jóvenes de las clases favorecidas de la ciudad. La historia se estructura en dos bloques claramente diferenciados, los capítulos donde el autor va narrando la historia de los protagonistas, siempre por separado, y los que dan voz a ese personaje ficticio que posiblemente recoge parte de las declaraciones oídas por el autor durante la investigación previa a la escritura de la obra.

Alonso Sánchez Baute narra con gran precisión la progresiva degradación de la sociedad vallenata, ciudad muy conocida en Colombia por ser cuna del vallenato, un popular género musical. Éste utiliza la crónica como fórmula narrativa pero alternando con la ficción. Para acercarse a los personajes hace una radiografía de sus vidas, interrogando e investigando sobre ellos de forma profusa. El autor está decidido a dar una versión clara de los hechos y si bien en algunos momentos el baile de nombres resulta abrumador, se busca la claridad por encima de todo. Aunque el conocimiento de la realidad política y social del departamento del Cesar, donde Valledupar es la capital, podría ser un elemento a favor, la abundancia de nombres y referencias no es un problema para comprender el texto. Los hechos se van sucediendo de forma pausada, asistimos a los orígenes de las familias de Palmera y Tovar y conocemos de cerca etapas fundamentales en la formación de sus personalidades como son la niñez y la juventud. El autor colombiano intenta explicar las circunstancias de ambos a la par que hace una radiografía de la transformación de una sociedad de aspecto tranquilo y familiar, como es la vallenata, que pasó a ser uno de tantos frentes de la inacabable guerra civil que desde hace décadas asola Colombia. Para ello, se acerca a amistades, familiares e incluso a personajes vinculados a la guerrilla y los paramilitares. En el caso del guerrillero Trinidad, no tiene voz propia en la obra por estar en una cárcel en los EEUU, la misma donde paradójicamente acabará Jorge Cuarenta. El paramilitar en cambio, con el que el autor tiene cierta relación de amistad por ser vecinos, sí es entrevistado en el libro. En ese momento todavía estaba preso en territorio colombiano a raíz de la desmovilización de los paramilitares durante la presidencia de Álvaro Uribe.

La obra es fascinante porque narra de cerca cómo el horror se convirtió en moneda de cambio, mirando cada uno para su lado según le convenía. El autor no deja títere con cabeza y desde luego ninguna parte sale bien parada. No hay atisbo de justificación para ninguno de los  personajes que pasarán en pocos años de ser tranquilos ciudadanos a asesinos en el monte. Los personajes son descritos detalladamente, se pone la lupa en cada paso con el objetivo de saber en qué momento tuvo lugar el cambio. Más que una caída del caballo, se describe una progresiva transformación por la que estoy seguro que pasaron muchos colombianos en otros puntos del país, donde el diálogo deja de ser una opción a favor de las armas y la violencia. Hay episodios brutales como el asesinato por parte de la guerrilla de la ex ministra Consuelo Araujo, y por extensión el de la interminable letanía de secuestros en las familias vallenatas; o la justificación de la violencia paramilitar por parte del personaje Fina Palmera, que suena más real que nunca. La narración está llena de amables conversaciones, cafés y juegos de guanábanas con música de fondo que se van alternando con descripciones duras, confesiones sobrecogedoras y sobre todo, la enorme tristeza que recoge el texto donde no se salva nadie. Cuánta maldad en nombre del bien.

Me resulta muy satisfactorio que a casi diez años de la publicación original de la obra, algunas cosas hayan mejorado en Colombia. Está cercana la desmovilización de la guerrilla, los paramilitares parecen haber dejado la motosierra, y el narco… bueno eso es otra historia. Sin embargo, Líbranos del bien es una magnifica radiografía, no solo del conflicto, de sus aristas y de las personas que se esconden detrás de los apodos, sino también de los que toman partido y de los que justifican y apoyan con su silencio cada masacre o cada secuestro. Alonso Sánchez Baute hace una magnífica investigación sobre la transformación de una sociedad, narra con acierto y tino que no es tan difícil pasar al otro lado cuando las circunstancias son propicias.

Enrique León

Nacido en Sevilla y Licenciado en Historia por la Universidad de Sevilla. En esa misma institución cursa el Máster de Enseñanza Secundaria y el Máster de Estudios Americanos. Actualmente es doctorando en Literatura Hispanoamericana con una tesis sobre literatura centroamericana. Lector desde siempre, en los últimos tiempos también escribe reseñas de narrativa hispanoamericana contemporánea. Es el responsable del blog Fondo de Lectura (fondodelectura.wordpress.com).

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