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6 Abr

Literatura de izquierda, de Damián Tabarovsky

FOTO BERNARDINO AVILADAMIAN TABAROVSKY

Fotografía de portada: Bernardino Ávila.

literatura_izquierdaDamián Tabarovsky (Buenos Aires, 1967) se graduó en sociología en la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales de París. Es el director editorial de Mardulce, además de traductor y colaborador del diario argentino Perfil. Publicó las novelas Una belleza vulgar, Autobiografía médica, La expectativa, Las hernias, Kafka de vacaciones, Bingo, Coney Island y Fotos movidas, entre otros títulos. Varios de sus libros han sido traducidos al alemán, francés, portugués, griego y ruso.

En el capítulo «El escritor sin público», Tabarovsky afirma que «el mercado (editorial) entendió lo nuevo como lo último, como la mercancía más reciente»; me pareció interesante para esta entrega reseñar un libro que la editorial Beatriz Viterbo publicó originalmente en 2004. ¿Por qué tomar una decisión tan arbitraria —inclusive contraria a lo que se estila en estos días en materia «reseñística»— a la hora de abordar un libro? Simplemente porque el tiempo se ha encargado de reafirmar las ideas que se tratan en el mismo, haciéndolo —aunque a Tabarovsky seguramente no le guste la expresión— un libro «actual» para nuestras literaturas. Buscaré tomar estas ideas para intentar esbozar un mapa de la cuestión.

En primer lugar, la postura que adopta el libro es la de posicionar la literatura como una política, no como un lugar donde uno es, sino el lugar donde uno está: «Era escritor, pero dejé de serlo» “¿Ahora qué sos?” “Ahora soy nada”». Denuncia la autoconciencia que (per)vive (en) la literatura argentina: parece haber llegado a un punto donde es demasiado claro lo que se quiere decir, cómo se quiere narrar, hasta dónde hay que llegar; frente a este estado de cosas recomienda «ver televisión», puesto que le parece más interesante que esa literatura.

En segundo lugar —y como decantación plausible de lo dicho en el párrafo anterior—, se propone defender los «efectos abstractos» que la literatura potencialmente puede ofrecer, como maniobra de construcción de un mundo sin un antes y un después; o sea, lo que busca Tabarovsky es dar con la vanguardia: «¿Qué es la vanguardia sino la experiencia del fulgor del puro instante? Atrapar lo poético en lo histórico/lo eterno en lo transitorio, pedía Baudelaire». «Salvar los efectos abstractos» ante una literatura ultra-pragmática, que mide el resultado antes que la forma, que le da lo mismo cualquier estrategia o escritura bajo un democratismo bobo; salvarlos parece ser la diana a la que intenta apuntalar: «Pensar los efectos abstractos implica reivindicar a la literatura como un sistema de exclusiones» para poder narrar esos efectos, ya que después de éstos la literatura es la encargada de narrar el desplazamiento.

Es llamativa la forma en la que el autor de El amo bueno va hilvanando sus ideas, cuidando —aunque lo correcto sería decir «calculando»— cada frase, ajustándose a la manera flaubertiana de establecer sentidos en cada oración, una idea de estilo como artesanado, como fabricación de microrupturas que fuercen una «irreparable fractura», al menos en la forma en la que leemos habitualmente.

Tabarovsky propone un modelo de literatura como literatura de izquierda. Hay una lógica en el libro que lo resume completamente y que creo que sostiene el tramado argumental del mismo: «La literatura de izquierda sospecha de toda convención, incluidas las propias. No busca inaugurar un nuevo paradigma, sino poner en cuestión la idea misma de paradigma, la idea misma de orden literario, cualquiera sea ese orden. Es una literatura que escribe siempre pensando en el afuera, pero en un afuera que no es real». Unas líneas más adelante agrega: «Ese afuera convencional está vedado para la literatura de izquierda, porque la literatura de izquierda está escrita por el escritor sin público, por el escritor que escribe para nadie, en nombre de nadie, sin otra red que el deseo loco de la novedad. Esa literatura no se dirige al público: se dirige al lenguaje».

La idea de «lenguaje como horizonte» me parece que es la que hace de este libro uno que le permite revitalizarse constantemente y fuerza al lector —conmigo lo hizo de manera casi epifánica— a (re)pensar la literatura como un lugar que escarba en el afuera, en una trinchera imaginaria, bajo una disputa —una batalla desigual— en la que sabe de antemano que va a perder y que, seguramente, decantará en una hermosa derrota que vale sostener hasta el final: el lector está ahora en el lugar del escritor y ya no podrá salir de allí. Los que entren ahí que abandonen toda esperanza.

Raúl Andrés Cuello

Raúl Andrés Cuello (Mendoza, 1988) es licenciado en Enología, máster en Viticultura y Enología y se desempeña como becario en el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) y en el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), ambos de Argentina. Realiza su Doctorado en Ciencias Biológicas en la Universidad Nacional de Cuyo en el área de Biotecnología de Levaduras Vínicas. Paralelamente a esto colabora realizando reseñas de libros, entrevistas o ensayos en diarios y revistas culturales de Argentina (Otra Parte y Cultura Irracional). En 2015 publicó Magias Parciales, su primer libro de relatos. Desde 2014 a la fecha se encuentra trabajando en una novela experimental cuyo título es La imposibilidad de la escritura.

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