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8 Sep

Los afectos, de Rodrigo Hasbún

Hasbún

Los afectosRodrigo Hasbún (Cochambamba, Bolivia, 1981) es un narrador al que ya conocíamos por Nueve y Los días más felices y que con esta nueva novela, Los afectos, se afianza en el panorama de las letras hispanoamericanas. Nos presenta la historia de una familia alemana que emigra a La Paz. Asistimos a la transformación de los protagonistas, a la tragedia personal de cada uno de ellos. Tras la Segunda Guerra Mundial, el cabeza de una familia alemana, camarógrafo que había llegado a trabajar con Leni Rienfestahl (por lo que podemos suponerle un pasado ligado de alguna forma al nazismo), decide emigrar con su familia para buscar una vida nueva y continuar con su trabajo. Ya en Bolivia se dedica a buscar restos de ciudades, tal vez imaginarias, y con ese recuerdo arranca la novela: “El día que papá volvió de Nanga Parbat (con unas imágenes que trituraban el alma, tanta hermosura no era humana), mientras cenábamos…”. Los afectos está divida en dos partes y un capítulo final sin que se sepa con claridad a quién pertenece la voz de los narradores (un asunto complejo, porque es una obra polifónica). Como las buenas historias, Los afectos nos lleva a cuestionarnos lo que pasa por delante de los ojos: ¿qué es Patití (que podría entenderse como un macguffin literario)? ¿Hay algo que se olvida en la novela? ¿Existe alguna visión, alguna voz, dentro de este rompecabezas que echemos en falta?

Posiblemente, una de las notas que más llama la atención es la ausencia de la madre de las protagonistas: lo que no sabemos de ella, lo que no se dice pues, aun estando presente en la novela, es la ausente. Como reconoce el propio Hasbún en la entrevista que le hizo Daniel López en Vísperas, se trata de un recurso literario para implicar al lector de forma que, como querían los primeros autores del llamado boom latinoamericano, la literatura pasara de ser receptiva a participativa. En este mismo sentido, los personajes de la novela se hacen cada vez más silenciosos, y la ambigüedad parece invadirlo todo de forma que el lector debe esforzarse por reconocer cada una de las voces: encontramos diferentes narradores que nos ofrecen visiones distintas obligando al lector a montar la novela, trabajo que no se termina ni siquiera cuando se llega al final, porque Los afectos parece exigirnos una segunda lectura.

Se trata de una novela coral, cuyo verdadero protagonista es la familia completa, aunque un personaje centra la atención, Monika: “con sus crisis nerviosas había logrado que todo girara a su alrededor aún más que antes”. Tanto poder ejerce sobre los demás y tal es la visión que de ella se aporta, que el lector debe tomar partido por ella o contra ella. Es el personaje mejor conseguido, bien armado; todos hablan de ella y nos ofrecen tantas perspectivas que el lector debe decidir. Los demás personajes parecen buscarse a sí mismos, no están completamente desarrollados y uno debe definir sus identidades; a veces, da la impresión de que todos van a romperse. Incluso cuando avanzamos en la lectura no sabemos si esta indagación es sólo un recurso para llevarnos adelante o se oculta algo en ella.

Como decía, el eje central de la novela es una familia, alguna de cuyas claves no llegan a desvelarse del todo: ¿cuál es su pasado?, ¿por qué emigran desde Alemania?, ¿han pertenecido al círculo nazi (sabemos que el padre llegó a trabajar con Leni Rienfestahl)? Hasbún se situaría así en la estela de otras novelas sudamericanas que han abordado el tema; recuérdese, por ejemplo, a Bolaño. El terrorismo, también recurrente en otras obras, hace su aparición aquí, porque es el telón de fondo sobre el que se recorta la acción y que nos acompaña en imágenes que todos recordamos. Quizá sea posible vislumbrar una conclusión llegado el final: todos fracasan en la vida, no consiguen aproximarse a la felicidad, se cierra la puerta a cualquier tipo de reconciliación. Buscar quiénes somos, construirnos una identidad, nunca ha sido una tarea fácil. La familia, ese ámbito en el que el individuo hunde sus raíces, no consigue aquí anclar a los personajes: ¿no son una familia de emigrantes?, ¿y no es toda la vida de Monika un éxodo que no alcanza la tierra prometida? El padre tal vez consigue arraigar, pero el precio que paga es la más absoluta soledad. Es mérito de Hasbún haber puesto delante de nosotros, para que decidamos, esas dificultades, y no lo ha hecho con un lenguaje provocativo o con amplias reflexiones de corte vagamente filosófico, sino por la vía de la novela: contándonos una historia. Sólo eso, y eso es mucho.

Puede que la novela se reduzca a una búsqueda, la búsqueda de Patití: “No será fácil, dijo él, nadie dijo que lo será, ni para ustedes ni para mí, pero encontraremos Patití”. La búsqueda de La Dolorosa, la búsqueda de uno mismo. La búsqueda a tientas del orden interior, pero siempre con paso firme sabiendo que “quizá nunca había dejado de mirarnos”. Tal vez, Hasbún (que está escribiendo una tesis sobre los diarios íntimos) pretendía esto, buscar un orden, llegar al equilibrio en el caos de relaciones que hay en toda familia, pues la literatura pone siempre un orden, su sintaxis, y nos ayuda de ese modo a entender, a buscar—tal vez a dar—un sentido no sólo gramatical a la realidad que nos rodea.

Los afectos es un libro que hay que leer con lápiz por su multitud de lecturas, perspectivas y voces, algo que contrasta con su lenguaje sencillo, lleno de frases cortas en las que aparece algún que otro localismo, que en sus anteriores relatos estaban más presentes, tal vez porque permanecían ligados con más fuerza a la realidad local de Bolivia. Este nuevo relato de Hasbún engancha y convence.

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Ernestina González Causse

Licenciada en Historia del Arte y profesora de esta disciplina. Se ha dedicado con preferencia a aquellas realidades cuyo contenido es fundamentalmente estético: arte, literatura, fotografía, música y cine. Ejemplo de esta dedicación son tanto su blog, La letra con salsa entra, en el que se aúna la reflexión sobre la belleza con la alimentación, cuanto su colaboración en Comida’s Magazine, revista en la que escribe y para la que hace fotografías. Actualmente, esta inmersa en un proyecto fotográfico y realiza colaboraciones literarias.

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