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4 Ene

Musa décima, de José María Merino

josé maría merino

Fotografía de portada: Álvaro García (El País).

La admiración que Bertmusa decimaa siente por Doña Oliva Sabuco, autora de Nueva Filosofía de la naturaleza del hombre, tratado publicado a finales del siglo XVI, va más allá del mérito intelectual. Enferma de cáncer, Berta encuentra en la figura histórica una tabla de salvación a la que agarrarse, de tal modo que decide escribir una biografía sobre su ídola. Tal es su entusiasmo que consigue contagiárselo a todo aquel que la escucha. Su exmarido, filólogo especializado en el Siglo de Oro, con quien mantiene buenas relaciones, decide escribir un trabajo de investigación poniendo en cuestión la autoría de la «Nueva Filosofía», acaso fuese el padre de Doña Oliva el verdadero autor; Marina, escritora de novelas históricas y novia del hijo de Berta, fascinada por el potencial que ve en la vida de Doña Oliva, cambia el proyecto biográfico de Berta por una novela.

Rai, el hijo de Berta, es el único que parece indiferente a Doña Oliva; su interés en ella está subordinado a la atención y cuidado que dedica a su madre. No es hasta que esta muere cuando, a ojos de Rai, se subsume a la figura de Doña Oliva.

Lo más sencillo y coherente sería decir que toda la novela y sus personajes giran en torno a Doña Oliva. Sin embargo, esta centralidad no es asumida en calidad protagónica, sino como la fuente que todos los personajes explotan para satisfacer sus propias necesidades. La relación de los personajes ficticios con la figura histórica es, pues, una relación parasitaria. Página tras página, cada uno de ellos toma la historia de Doña Oliva y la despedaza, modifica, manipula y pervierte según sus propios intereses. Berta lo hace desde la fe ciega a la que le lleva su admiración, hasta tal punto que, a pesar de escribir una biografía y, por tanto, fundamentada en hechos, ni se plantea estudiar la posibilidad de que la «Nueva Filosofía» no fuera de la autoría de Doña Oliva. Marina empieza como ayudante de Berta, y poco a poco va ganando terreno en el proyecto de Berta hasta que se apropia de él y le da forma de novela histórica. El exmarido de Berta, a pesar del menosprecio a la obra de Doña Oliva que inicialmente había mostrado, termina sacándole partido al tomarlo como objeto de investigación, para después probar de su propia medicina cuando un compañero de la universidad se la juega al asumir la total autoría de todo su trabajo. Incluso Rai, que empieza un proyecto de novela gráfica sobre las peripecias de Doña Oliva y uno de sus hijos distanciado completamente de la verdad histórica.

Todos ellos —incluso Berta, en principio su única defensora— terminan traicionando la veracidad de la historia de Doña Oliva en función de sus respectivos y personales impulsos creativos. Esta es la apropiación definitiva a la que se refiere el narrador en un momento dado, la «verdadera décima musa».

La Musa décima del título de la novela alude a la anécdota en que Lope de Vega, que tomó contacto con la obra de Doña Oliva, llama a esta «la décima musa», dada la sorprendente cualidad de su intelecto y notoriedad en una época donde las mujeres nunca lograban tales méritos. De manera que la décima musa es, al mismo tiempo, el personaje real de Doña Oliva; y la motivación usurpadora y de manipulación que siguen todos los personajes. Dicha motivación hace crecer sus raíces hasta el fondo de la historia real, puesto que el padre de Doña Oliva, por razones que a día de hoy siguen sin aclararse, declaró en su testamento ser el verdadero autor de la «Nueva Filosofía». E incluso las razones que le llevaron a semejante traición contra su propia hija son objeto de escrutinio por parte de los personajes de la novela.

Berta considera que la motivación del padre de Doña Oliva reside en su deseo de proteger a su hija de la Inquisición. Marina decide atribuirle una personalidad celosa y envidiosa, más afín al carácter narrativo de su novela. La concepción del padre de Doña Oliva, en cuanto a personaje, es, en mayor o menor medida, un reflejo de quien lo concibe. Para Berta, el padre es un hombre cariñoso y cuyo instinto protector es su principal motivador. Para Marina, la motivación del padre es el resentimiento hacia su propia hija, en quien ve a una ladrona de sus propias ideas. Él considera que el libro de su hija es un compendio de las ideas que él le ha enseñado a lo largo de los años, que si no ha escrito él mismo ha sido por pura desidia o falta de tiempo. De la misma manera, el libro de Berta es el libro que Marina querría haber escrito primero. Tanto el padre como Marina, mediante su conveniente visión de la realidad, se autoconvencen de que lo que hacen es de justicia.

El juego de espejos continúa en Berta y Doña Oliva. Berta, al igual que su ídolo, sufre el abuso de quienes la rodean y la apropiación indebida de su trabajo. Especialmente Marina, cuya relación empieza basándose en la reciprocidad —funcionan a la vez de musa y de artista— y, a la muerte de Berta, Marina acaba apropiándose del esfuerzo creativo de Berta y le niega la parte de autoría que le corresponde.

El narrador omnisciente sigue los pasos de Rai prácticamente en exclusiva hasta el final de la novela. Al igual que los demás, el conflicto de Rai también es creativo, solo que se demora hasta el final para resolverlo. Si su madre escribe, él dibuja, un arte para el que no tiene ni talento ni conocimiento técnico, razón por la que dicho impulso no termina de encontrar una válvula de escape satisfactoria. Esto provoca que, a pesar de ser el protagonista de Musa décima, tenga un papel más parecido al de una sombra. Se podría decir que su presencia es casi accidental, aunque necesaria para que los demás personajes se relacionen de la manera en que lo hacen.

José María Merino (A Coruña, 1941), miembro de la Real Academia Española, en su novela Musa décima explora, a través de un complejo entramado entre realidad y ficción, el proceso de creación que, contradictoriamente, puede dar lugar a la destrucción sistemática de todo aquello que se interponga en su camino. Pero existe una posible lectura —acaso metalectura— según la cual el autor utiliza a Doña Oliva con la misma desconsideración e interés personal que los personajes de su novela. La relación que Rai, Marina y Berta mantienen con Doña Oliva —unilateral, deshonesta e interesada— es equivalente al modo en que la figura de Doña es manipulada por José María Merino, quien, en calidad de autor, se vale de un personaje real —una mujer que por el contexto histórico en que vivió sufrió la censura y cuestionamiento de su potencial intelectual— como bisagra para la trama de los demás personajes, en lugar de convertirla en la verdadera protagonista y heroína de la historia.

No es circunstancial que Doña Oliva sea mujer, puesto que su historia personal no habría sido la misma de haber sido hombre. La educación que recibió fue excepcional, incluso para una mujer de su posición; también puede considerarse excepcional el grado de complacencia en que su marido, una vez casada, le permitió que siguiera cultivando su intelecto en detrimento de sus responsabilidades de madre y esposa. Igualmente, la inteligencia y talento precoces de Doña Oliva fueron excepcionales, como también lo fueron los de muchos hombres. La diferencia es que la inteligencia y talento de tales hombres no fueron cuestionados a causa de su precocidad. Los padres de dichos hombres tampoco intentaron arrebatar la autoría del trabajo de sus hijos, que tampoco fueron ignorados por la historia.

Tal particularidad hubiera hecho de Doña Oliva un personaje excepcional, si no se le hubiera dado, como se le han dado a tantas mujeres de talento, el apelativo de «musa». Tal es el papel que la autora de la «Nueva Filosofía» tiene en esta novela: no autora, ni artista, ni protagonista, sino musa.

Álvaro Domínguez

Licenciado en Historia del Arte por la Universidad de Santiago de Compostela. Tras cursar el Máster de Edición Universidad Autónoma de Madrid – Taller de Libros ha trabajado en diversas áreas del sector editorial. Su primera incursión literaria como autor fue en Amateurs Hotel, portal que acoge a artistas en ciernes con el deseo de compartir sus creaciones a través de una revista digital y un libro impreso financiado mediante crowdfunding. También ha publicado una serie de relatos en La Cueva del Erizo y forma parte de la antología Lo que no se dice de la editorial Dos Bigotes.

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