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16 May

Periferias, de Ricardo Cavolo

cavolo miguel jimenez

Fotografía de portada: Miguel Jiménez.

cavolo periferiasSe dice que, en el contexto del neoliberalismo, no es vanguardista pensar y sucumbir a categorías contrapuestas, en esas que van de dos en dos, apareadas, porque pensar así es pensar en el interior de una jaula o atravesar casillas predeterminadas. Que una reflexión de carácter social no quede apresada entre las potentísimas garras de una dialéctica que no deja de apretujar a las partes, una tesis contra otra con el fin de transformarlas en antitéticas hasta que de tanto confrontarlas, y sea como sea, de la contraposición haya de seguirse, en un momento posterior, una síntesis que reúna y supere la dualidad anterior; que esto ocurra, que una reflexión no quede apresada, no siempre da lugar a buenos resultados. Se está, lamentablemente, acostumbrado a que solo lo excepcional sea válido, y se erige la improbabilidad como criterio. Y se soporta, y a veces se busca lo mágico fuera de los dualismos, como si así se pudiera, porque sí, originar algo nuevo. Sin embargo, observamos cómo algunos se retuercen igual que cocodrilos tratando de hacer jirones el tejido rabiosamente dialéctico de la sociedad. No saben que no hace falta emprender esa batalla. Solo hace falta aprender a mirar de otro modo nuestra jaula y las garras que la sostienen. No hay que entender, claro está, las palabras «solo hace falta mirar de otro modo» como si fuesen la descripción de un sencillo gesto del que puedan enumerarse los pasos a seguir de modo que si se siguen se acabará por «mirar de otro modo». Para empezar, digamos que la representación gráfica de esta mirada modificada es con la que Ricardo Cavolo (Salamanca, 1982) nos sorprende en Periferias. Gran libro ilustrado de lo extraordinario, y debido a que esa mirada tiene dos, tres, cuatro, seis ojos, depende, el autor de este libro piensa e ilustra acertadamente, creemos, en el interior de la maquinaria dialéctica, favoreciendo que la periferia establezca diálogo con lo-que-no-es-ella.

Ahora bien, decir «empezar» (y recogemos otra vez palabras nuestras) ya es mucho decir. Aunque solo queramos empezar, al hacerlo ya nos hemos adelantado demasiado. Y quizá hayamos cometido errores en este tramo inicial. Porque, ¿es cierto que lo extraordinario es extraordinario? Preguntar así no es perdernos en un juego de palabras. La comprensión de este libro obliga a retrotraerse hasta donde el autor toma la decisión, inicialmente, de ubicar la experiencia de lo extraordinario en la periferia. Pero, ¿qué es y dónde está la periferia? La respuesta depende directamente de la decisión que el autor ha tomado, porque ella nos coloca sobre las garras de la dialéctica, en medio de la contraposición de nociones, en la lucha de conceptos de vida de diferentes clases.

En esta ocasión no nos entregaremos a las páginas del libro, como enamorados, con esa incertidumbre que resulta agradable al leer ciertos libros porque los leemos flotando sobre una alfombra urdida de catarsis, en un disimulado estado de alienación. No lo haremos porque compartimos la advertencia que el autor hace en la Introducción: «pobre de aquel que entienda este libro como un trabajo estético y simpático para tratar de maquillar algo la percepción de las periferias. Seguirán ciegos quienes piensen así. Todo lo que aquí se expone es real: o lo he visto o me lo han contado personas a las que creo».

En un primer momento, la comprensión de qué sea la periferia será precaria si se define exclusivamente en contraposición con lo central. Pero, claro, lo propio de la periferia es ser plural: «periferias». Con ello acierta el autor, porque amplía el «topos» y las clases de lo periférico que ofrece son las periferias humanas, urbanas, geográficas, animales, vegetales y artísticas. Lo extraordinario tiene lugar. Ocurre. El interés por situar lo extraordinario es tan extremo en el autor que añade un mapamundi desplegable en el que se distribuye la clasificación. Lo llama «El otro mundo». ¡Pero es este mundo, es el nuestro! La mundanidad de lo extraordinario es innegable. La consecuencia de la decisión tomada de asociar lo extraordinario y la periferia es que se introduce lo extraordinario en el mundo ordinario y en su (demasiadas veces) devastadora racionalidad. En el libro hay una propuesta de recuperación del «encanto» de este mundo des-magificado (Max Weber). De ahí que nos aliente a que sigamos diciendo: «Te voy a contar algo que me ha ocurrido, es extraordinario. Créeme. Verás …».

Lo periférico es lo que (equivocadamente) se cree que no está en el centro, y si forzamos la resiliencia del término y queremos hablar de una-actitud-periférica, la periferia, en definitiva, es lo que no se ajusta a norma. Y la «norma», lo normal, es dogma. Pues bien, Ricardo Cavolo consigue, creemos, «traicionar» con especial buena voluntad, la noción de periferia, pues hace que ella acabe ocupando el centro. La aproxima al «interior», la introduce en el seno de la norma, y esto produce un efecto que no es neutral, elabora una síntesis de periferia/centro. Por ello, este libro se opone al «orden establecido» y lo cuestiona en cada página. Si no se lee como memo, se pone al descubierto cómo los pilares del libro (periferia, extraordinario, normal e ilustración) saltan por los aires.

El riesgo más grave del libro radica en la posibilidad de categorizar la periferia de modo que quede como una «aséptica casilla predeterminada». Porque entonces habría quedado subyugada. Sometida. Y, neutralizada, ¿la periferia sería las-periferias? ¿Sería extraordinario lo extraordinario? Aceptemos que la normalización no sea un segundo velo, como nos previene constantemente Ricardo Cavolo. Además, proponemos enérgicamente que la periferia, ahora céntrica, no sea vista como patológica. Que la vida excéntrica no sea vista como una forma de existencia frustrada, malograda. Si el hecho de poner nombres y «rostros» a las periferias, como se hace en este libro, deja intacto lo que ellas son y preserva su carácter extraordinario, entonces este libro posee la fuerza suficiente como para poder zarandear la cultura actual y nos la muestra en su variopinto carácter, desde lo dual hasta lo caleidoscópico. Si lo leemos así, es un libro deseable y merecedor de difusión. De otro modo, permaneceremos ciegos. Mantener lo indescriptible, lo innombrable, es precisamente lo que «trae» el mensaje desde ese «Afuera» que es el núcleo de la cordura.

Si nos oponemos a ver cerrada la jaula y ya no nos atemoriza sentirnos entre las garras de la contradicción, desde el cerco en el que nos hallamos podremos atisbar lo que nos dice la producción del outsider. Lo que somos nos lo está diciendo el art brut (el prólogo lo escribe Santi Balmes, de Love of Lesbian, y lo firma con su nombre después de suplantar a Jean Dubuffet) desde que fue considerado arte degenerado por el atroz totalitarismo, al que siempre le faltan ojos, que no sabe mirar, para el que según Ricardo Cavolo no existe «otro modo», ni la «diferencia», ni la «heterogeneidad», ni los gitanos, los urcas, los albinos, los transexuales, los saharauis, ni India, Pakistán y China, ni las favelas, la Cañada Real, la gente que vive en las estaciones de metro abandonadas, circunvalaciones y alcantarillas, los campos de refugiados de Aqrah, las cités de París, el bosque de los suicidas, ni Moldavia, Bután, Kurdistán, Uzbekistán, Kazajistán, Tayikistán, Turkmenistán, Kirguistán, ni el oso hormiguero, la hiena, el cuervo, el cerdo de mar, ni el cardo, el musgo, la mammillaria painteri (o chumbera maravillosa), ni los pintores, ilustradores, músicos y escritores periféricos, los outsiders.

Es clave tener a mano, en mente, en los ojos, este apunte clave en la obra de Ricardo Cavolo al sentarnos a conocer su libro, porque también la expresión «¡Aceptemos que no estamos enjaulados ni apresados!», puede quedarse en nada, pues los microfascismos son poderosos. Descubrimos que los límites no están donde se decía. Están en otro sitio y son de otra clase. Vemos que el mundo se amplía, pero hacia adentro, que este es el lugar del «Afuera», y que está en cada uno de nosotros. Pero muchos son ciegos a lo que en ellos surge. ¿Quién soporta verse como descentrado? Reconozcamos que lograr verse así es el reto que sigue siendo más vanguardista en esta «actualidad snob», en este neocapitalismo. Lo patológico ya no es patológico. La locura ya no es locura. No son expresiones vacías. Las tautologías ya son expansivo contenido veraz. Y las contradicciones ya son las puertas del pensamiento que no quiere ser dogma. Así, pues, Periferias de Ricardo Cavolo nos parece uno de los libros ilustrados más innovadores en su expresión dialéctica para reivindicar, para todos los habitantes del planeta, el estatus de sujetos de derechos. Creemos que Periferias. Gran libro ilustrado de lo extraordinario es, junto con los de Frédéric Pajac, Guy Delisle o Paco Roca, por nombrar solo a tres «periféricos», un libro que contribuye a la exploración de este-nuestro-otro-mundo y ya lo tomamos, después de descubrir que su estructura salta por los aires y porque además es necesariamente un libro incompleto, como puntal germen de ulteriores investigaciones nuestras así como de la elaboración de nuevas periferias. Este libro ilustrado, o crónica gráfica, o ensayo gráfico, o storyboard, amplía gratamente el(los) perímetro(s) global(es) de nuestra(s) realidad(es) y su(s) definición(es). Este es el nuevo libro de los márgenes.

Alicia Azán-Ulli
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