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1 Dic

Qué vergüenza, de Paulina Flores

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Fotografía de Portada: Bruno Córdova Manzor

9788432229503-1Lo que a otros autores les ha llevado un par de décadas, a Paulina Flores parece no costarle. Porque pasar de ser una iniciada a lograr una “voz propia” tan celebrada, no es algo que ocurra tan a menudo con cada autor revelación. Hace tiempo que la joven escritora chilena traspasó ese umbral, pudiendo ofrecernos el libro de relatos que hoy nos ocupa.

Qué vergüenza, llega a España editado por Seix Barral tras debutar al otro lado del charco a manos de Hueders Editorial. Un conjunto de nueve historias, desarrolladas con precisión quirúrgica, que respira acompasado como un barrio. De esta manera, Flores compone un emotivo retrato de la vida contemporánea, capturando el orgullo y la decepción de la familia; así como la ansiedad y la desesperanza de vivir en el siglo XXI.

Un desfile de personajes que se las arreglan para sobrevivir en un momento crepuscular, escenarios mutables con los que cualquier lector puede identificarse: El primer amor y su engaño implícito. Un último verano de inocencia. La cultura como bote salvavidas sobre cualquier miseria. El completo desamparo laboral. Esa tragedia llamada crecer. Parejas dependientes, otras espontáneas y fugaces. El peso inevitable de las raíces, la familia como sepulcro o salvación incondicional.

“Qué vergüenza”, a pesar de ser el relato que da título al libro, galardonado con el Premio Roberto Bolaño, parece no ser el más brillante del conjunto, teniendo dignos competidores. Entre todo el repertorio cabe señalar dos relatos en particular:

“Talcahuano”, donde destaca su atmósfera del claustro rural y la pobreza, siempre con sueños de un futuro mejor. El protagonista y todos sus amigos en fase terminal, ya alejados de la niñez pero sin ser adultos en absoluto, asisten a la miseria de su entorno mientras fantasean con letras de The Smiths e incluso con tener un grupo de música que termine por sacarlos de aquellas calles.

Y “Espíritu americano”, donde se retrata el reencuentro de una amistad lejana. Las protagonistas rememoran el trabajo donde se conocieron, desvelando sus trapos sucios del pasado. Es entonces cuando se manifiesta esa “ampliación del campo de batalla” una competición silenciosa que se extiende por doquier, incluso como en este caso, sobre un pequeño local de comida rápida.

En conjunto, los relatos forman un amplio abanico argumental que bien podría leerse como una secuencia paliativa a ese murmullo constante, el resonar de los problemas del pasado, de lo que aún está pendiente de solucionar.

Con un poso autobiográfico bastante marcado, la de Paulina Flores es una obra, tensa y realista, que acaba por suponer una conciencia de clase más que necesaria. Una visión desde abajo, desde los desamparados. Una mirada con un nivel de profundidad suficiente como para capturar el espíritu que habita en los resquicios del entramado urbano.

A lo largo de estos fragmentos vitales, podemos recordar el aroma destilado de las fotografías que Alice Munro o Raymond Carver, que ya dispararon en forma de relato, con aquella temperatura y atmósfera tan particular. Una escritura que bien se asemeja a un voyeur que asomado a las ventanas del vecindario atrapa instantáneas aquí y allá. Moviéndose siempre sigiloso de un barrio a otro sin abandonar nunca la periferia, de polígonos industriales y urbanizaciones de clase obrera.

Parece haber condensado con suma dedicación el himno lúgubre y valiente de la clase obrera. En dicho panorama, sus protagonistas se enfrentan a momentos que funcionan como la bisagra de una puerta. Ya se trate de crisis de edad, familia, trabajo o salud, la autora pone especial atención en capturar esa habitual transición crepuscular donde un misterio cotidiano puede pasar rápidamente de poseer encanto a convertirse en un horror sutil. Así se suceden idas y venidas, encuentros y desencuentros, familias desestrucuradas y, muy en particular, el abandono, como columna vertebral en el conjunto de relatos.

«Estoy tratando mucho temas como el partir, el abandonar. Irse, intentarlo de nuevo. Empezar de cero. Dejar la tierra atrás».

Otro punto notable en cualquiera de los relatos es su afán por desmitificar arquetipos de género y mostrar cómo la desidia o la obstinación se instauran como epopeyas de uso libre. Ya que en palabras de la propia autora, «es así, somos complejidades, y más allá de lo que proyectemos, de lo que los personajes masculinos intentan proyectar en algún punto, en la vida privada no es así».

Por ello, se nos presentan una serie de egos heridos, donde bien a menudo aparecen figuras masculinas derrotadas y, por el contrario, personajes femeninos ausentes, intentando moldear en la medida de lo posible todos los matices asumidos por el género. No obstante, este asunto parece ser sólo la punta a medio camino de ser esculpida. Con unos personajes bastante desdibujados, en algunos momentos la escritura de Paulina parece haber rascado apenas la superficie. Pero no importa, el camino continúa.

Dicho queda que en este debut, lleno de expectativas y potencial, hay una trayectoria que augura mucho futuro, una voz necesaria y urgente por venir. Paulina Flores demuestra ser un diamante en bruto con una excelsa calidad que aún así choca con las limitaciones propias de una prometedora carrera de fondo que justo acaba de comenzar. He aquí un servidor que espera impaciente su próximo trabajo.

Adrián A. Astorgano

Adrián A. Astorgano (León, España 1990) es ilustrador y diseñador gráfico. Licenciado en Bellas Artes y con un Máster que no viene al caso por la Universidad de Salamanca. Colabora activamente con publicaciones independientes como Revista Pangea, Sie7e, Revista El Humo, Mordistritus, La Fanzine, Errr Magazine o Obituario. Escribe reseñas literarias para Notodo.com. También dibuja o se aburre a la par que desempeña labores varias, como el ensamblaje de hamburguesas y las tareas de un impresor multicopista.

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