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13 Jun

Rita Indiana: escritura y canto desde el Caribe

Rita Indiana

Tenía que decir algo por un canal más inmediato que la literatura

Rita Indiana, 2017

Desde este lado del Atlántico no es mucho lo que se comenta o se lee sobre las letras caribeñas contemporáneas. En relación a otros escritores de la región nacidos a partir de los setenta, esta literatura continúa estando más eclipsada. Pese a ello, no podemos negar que en los últimos años los narradores del Caribe hispano se han ido integrando poco a poco a los catálogos de diferentes editoriales españolas. De Puerto Rico se publicaron la novela Violeta (Egales, 2014), de Yolanda Arroyo (1970), y la compilación de relatos Mundo cruel (Malpaso, 2016) de Luis Negrón (1970); de Cuba, algunos integrantes de la llamada «generación cero» también han sido publicados: en las editoriales madrileñas La Palma las novelas La autopista. The movie (2014) de Jorge Enrique Lage (1979), Días de entrenamiento (2016) de Ahmel Echevarría (1974), y No sabe/no contesta (2015) de Legna Rodríguez (1984) —quien recientemente publicó su última novela, Mi novia preferida fue un bulldog francés (2017), en Alfaguara—; y en ADN Alianza de novelas La casa y la isla (2016) de Rolando Menéndez (1970); por nombrar algunos ejemplos. Sin embargo, de República Dominicana, hasta el momento, Rita Indiana (1977) es la única escritora de esta generación que cuenta con ediciones españolas, al incorporarse en el sello Periférica el 2011, con la reedición de Papi ([2005] 2011) —que presentó en Barcelona en el CCCB ese mismo año— y con sus posteriores dos novelas, Nombres y animales (2013) y La mucama de Omicunlé (2015). Para quienes no conocen a «La Montra», aquí un breve repaso por su trayectoria artística.

Rita Indiana —Rita Indiana Hernández, como se la conocía anteriormente—, la polifacética artista dominicana-caribeña, «camaleónica», «figura del arte dominicano alternativo», «diva del electro merengue», «pop star»… en definitiva, La Montra como la llaman sus seguidores, se ha consagrado como una de las principales voces narrativas y artísticas en general del Caribe y Latinoamérica de este siglo. Sin lugar a dudas, el recorrido de su carrera —incesante, inquieto, diverso—, que comprende tanto su labor escritural como sus proyectos audiovisuales y performáticos, da cuenta de cómo su obra trasciende las fronteras de la media isla, insertándose en un circuito editorial y musical internacional. Al mismo tiempo, su trabajo pone en evidencia su complejo y articulado entramado de experimentaciones estilísticas y temáticas, donde inscribe su posicionamiento estético-político, sin temor a interpelar o incomodar.

Las irrupciones de Rita Indiana en el panorama musical caribeño comenzaron en el 2005, cuando fue vocalista de la banda electrónica Casiful, donde destacó su tema Platanito. Al año siguiente, integró el colectivo artístico multimedial Los niños envueltos, junto con la artista plástica Reina Mast y Carlos Ortiz, en el que produjeron tanto piezas musicales como performáticas. En el 2007 formó junto con Reina Mast el dúo musical Miti Miti, con el que sacaron el álbum Altar Expandex (Olora Records), una mezcla de «naïf-electro-merengue-mambo» y gagá —del que quizás La Sofi es la canción más «conocida». Con ese álbum, estas «mambo Queens», como se las llamó, entraron al Top 5 Indie Jewels del 2008 por el NY Daily News. Su incursión en la música terminó por consolidarse —al menos hasta el momento— con la creación en el 2008 de la banda «electro-merengue-beat» Rita Indiana y Los Misterios, de la que fue su compositora y vocalista, cuyo álbum El juidero del 2010 obtuvo gran éxito y repercusión internacional, y con el que participó el festival BAM (Barcelona Acción Musical) en el 2011, entre otros.

Luego de su incorporación en el catálogo de la editorial española Periférica en el 2010, y de su distanciamiento de los escenarios musicales a finales del 2011 —el mismo año en el que integró la lista de las cien figuras latinas más influyentes según el periódico El País— la voz de Rita Indiana (ahora sin su apellido Hernández) comenzó a circular sobre todo en encuentros literarios y académicos, en los que abordó asuntos principalmente relacionados a las propuestas de las letras recientes del Caribe, las problemáticas raciales y las temáticas LGTBQ. En esa línea, su escritura volvió a irrumpir desde una nueva tribuna y bajo un estilo donde el «yo» autorial cobró mayor posicionamiento, al comenzar a colaborar como columnista de El País y del periódico digital venezolano Prodavici. Las breves y heterogéneas columnas de Rita Indiana tuvieron una entrega prácticamente mensual desde octubre del 2013 hasta marzo del 2016. Esta nueva faceta en la escritura en prosa de la autora, más militante, mantuvo bastante proximidad con sus textos de ficción, ya que en sus columnas también conviven y dialogan sus intereses estilísticos con sus preocupaciones por las problemáticas sociopolíticas y culturales e identitarias, tanto de la realidad dominicana como internacional, sin abandonar su característico sarcasmo.

En lo que respecta a su voz narrativa, no hay duda que Rita Indiana se ha posicionado con fuerza entre los escritores nóveles del actual panorama literario hispanoamericano. Su obra, hasta el momento, está compuesta por seis publicaciones: las compilaciones de relatos Rumiantes (1998) y Ciencia succión (2000) —que fueron publicadas bajo el pequeño sello dominicano Riann Ediciones—; la novela corta La estrategia de Chochueca (Riann, 2000 e Isla Negra Editores, 2003); y tres novelas: Papi (Vértigo, 2005; Premium, 2010 y Periférica, 2011); Nombres y animales (Periférica, 2013) —con la que fue nominada a la IV Premio Las Américas de Novela en Puerto Rico—; y La mucama de Omicunlé (Periférica, 2015) —con la que fue finalista del II Premio de Novela de Bienal Mario Vargas Llosa en Perú y del VI Premio Las Américas de Novela en Puerto Rico.

A inicios de este 2017 poco era lo que sabíamos de los proyectos actuales y futuros de la artista dominicana (caribeña, latinoamericana) Rita Indiana. En marzo del 2016, salió su última columna en El País, «Negros y locas en las telenovelas», donde, con un tono crítico más intimista, celebra el surgimiento de nuevos espacios en los medios de comunicación que están velando por la visibilización de las minorías sociales y por dejar de perpetuar las narrativas hegemónicas en torno a las identidades, la familia, la sociedad. A los pocos días, en el marco del VII Congreso Internacional de la Lengua Española celebrado en Puerto Rico, en el que participó, junto con los escritores boricuas Juan López Bauzá y Luis Negrón, en la mesa «¿Cómo escribe el Caribe?», adelantó que entre sus proyectos se encontraba una próxima novela, de corte más histórico-político, que por el momento lleva por título Los trajes. Luego de unos meses, en junio, su canción El blu del ping pong formó parte de la banda sonora de la serie Orange is the New Black, caracterizada por su tratamiento de las problemáticas de género, clase y raza en la sociedad norteamericana. Este hecho fue alabado por muchos, así como rechazado por cierta audiencia que criticó la representación estereotípica de los latinos en la serie, por lo que no vio positiva la identificación de Rita Indiana con el colectivo retratado. Esas fueron quizás las últimas «apariciones públicas» de la artista y sus letras.

Sin embargo, este 2017 el panorama se presenta diferente. A inicios de año, Miguel D. Mena, director de Ediciones Cielonaranja, decidió tirar pa’lante la edición de Cuentos y poemas (1998-2003) de Rita Indiana. Un libro que surge de las ganas del editor por lograr aunar en un solo volumen, «gordito», esos libros iniciales de la autora: Rumiantes (1998) y Ciencia succión (2001), de escaso tiraje y difusión, que se distribuyeron entre nosotros sus lectores en formato de fotocopias gastadas o en PDF.

rita indiana

Pero a esta publicación le siguió un acontecimiento que los seguidores de la obra de «La Montra» del Caribe no sabíamos pero sí esperábamos y deseábamos: la reaparición de Rita Indiana en la escena artística. Los primeros días de marzo se hizo pública su participación en el Festival Isle of Light en Santo Domingo, noticia que no dejó de sorprender a su fanaticada, ya que la artista había reiterado en varias ocasiones su abandono de los escenarios musicales, no por ello de la composición musical, porque no podría «bregar» con la fama y exposición que estaba implicando, y que se dedicaría de lleno a la escritura. De hecho, y como parte de esa atmósfera de expectación, se publicó el 24 de marzo en la revista digital Discolai, dirigida a la música alternativa de República Dominicana, «Dios Salve a la Montra: 6 reversiones de Rita Indiana que debes escuchar», donde se muestran esas «reverencias/reversiones», poco conocidas, que estos últimos años se han hecho como tributo a la artista caribeña. Casi más inesperado aún resultó ser el lanzamiento de su nuevo single, El castigador junto al estreno el 29 de marzo del videoclip en las redes. Tras esto, al día siguiente, en su propio Twitter, la artista anticipó las razones de ese retorno, que como ya se está viendo es tanto estético-artístico como político: «Regreso, como dijo un trovador, para incomodar al que vive en el confort y para reconfortar al que vive en la incomodidad #FinDeLaImpunidad». Y es que El castigador es una canción contra la corrupción política que trasciende las fronteras de su propia isla y del propio Mar Caribe, a partir de una letra y videoclip que reactivan y desplazan al presente, desde sus propios lenguajes, el violento correlato de la colonización y el consiguiente sometimiento, subalternización, vulneración, precarización de los pueblos y colectivos minoritarios, tal como se plasma en su estribillo «clavo con clavo, soga con sal, to’ lo’ corruptos van a temblar». De esta forma, en unas cuantas horas se fueron «calentando los motores» para la aparición de Rita Indiana en el Festival el pasado 1 de abril, donde, y como era de esperar, abrió su presentación con esta nueva canción, a la que llamó un «canto contra la injusticia y tanta cosa fea que está pasando en el país». Pero su propuesta no se quedó sólo ahí. Cuando la artista cantó el verso de la canción que remite a la resistencia, el llamado colectivo a la insurrección —«espíritu guerrero, tu pueblo te invoca»— levantó una pañoleta verde que luego se puso en el cuello, símbolo de las recientes manifestaciones en República Dominicana contra la impunidad política, que han llenado de verde las calles del país. Con ello la ovación del público se acrecentó.

Pero así como la Rita Indiana cantante «salió de su letargo musical» con esta canción de corte contestatario —y más allá de si su regreso a la música es algo esporádico o si tiene intenciones de sacar un nuevo disco y comenzar una nueva etapa en su carrera musical—, la Rita Indiana narradora también alzó su voz. Causando bastante menos «ruido» y recibiendo muchísima menos difusión que el concierto, el 13 de marzo publicó en la revista mexicana Letras libres su cuento «Los trajes 1975», el cual, y en vista de su título, podría ser —o no— la antesala de su próxima novela Los trajes. Un cuento que, entre telas, cortes y botones, fragancias y dinero sucio, se traslada a los tiempos de Joaquín Balaguer. A esto se le suma además que el pasado 9 de abril, se le concedió a su novela La mucama de Omicunlé el Gran Premio Literario de la Asociación de Escritores del Caribe, que se da cada dos años. Un nuevo reconocimiento que la va consagrando como una de las voces de la narrativa latinoamericana de hoy.

Rita Indiana, La Montra, lleva más de diez años consolidando una propuesta creativa que se ha caracterizado por delinear, desde diferentes frentes —narrativos, audiovisuales, escénicos y cronísticos—, un discurso político-estético de resistencia a todo aparato regulador y esencializador, celebrando los componentes antillanos de la cultura caribeña y apelando a una ruptura con la heteronormatividad, el patriarcado, el antihaitianismo, y los presupuestos sobre los que se ha fundado la identidad hegemónica de la media isla de República Dominicana y de esos otros trozos de islas que también la determinan. Así, este contexto de tanta noticia, novedad, reaparición, regreso, futuro… no solo aumenta el impulso por revisitar las pasadas propuestas estético-políticas de Rita Indiana, sino más bien pensar en su continuidad, en su devenir, en sus nuevas exploraciones y creaciones.

Fernanda Bustamante

Fernanda Bustamante Escalona es doctora en Teoría de la Literatura y Literatura Comparada. Su investigación, bajo un enfoque interdisciplinar, se centra en la narrativa y cultura reciente del Caribe insular hispano, y en las redes intelectuales y literarias transatlánticas entre España y Latinoamérica. Es codirectora de Mitologías hoy. Revista de pensamiento, crítica y estudios literarios latinoamericanos. Recientemente hizo la edición de Rita Indiana. Archivos (Cielonaranja, 2017).

1Comentario
  • Persia Alvarez

    Excelente artículo que destaca la trayectoria artística de Rita India. Felicito a Fernanda Bustamante por una excelente narrativa que invita al lector a adentrarse en estos temas.

    15/06/2017 at 19:47 Responder

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