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26 Abr

Seré breve, de Juan Carlos Rubio

juan carlos rubio

sere breve«Si usted quiere saber qué es dramaturgia y busca en el diccionario, va por mal camino, pues allí encontrará una visión fragmentada y excluyente del concepto. El diccionario registra la noción occidental del teatro y reduce la función dramatúrgica a la que realiza el escritor de textos literarios, o sea el autor, excluyendo todo el ejercicio escénico sustentado en el juego de relaciones y convenciones que hacen posible el hecho teatral en cualquier colectividad humana, aun prescindiendo de la palabra».

Miguel Rubio Zapata, «A telón quitado» en La República, Lima, 9 de julio de 1988

 

Reconozco que el titulo me recordó al chiste «Seré breve. Muchas gracias». Y algo de eso tiene. Porque entre muchas cosas, este es un libro lleno de humor. Juan Carlos Rubio entra, con esta publicación de Ediciones Antígona, en una constelación de dramaturgos que tiene puntos en común. No sé si se conocen entre ellos, pero tienen un aire de familia. Solo nombraré dos ejemplos junto a Juan Carlos, de puntos lejanos tanto geográficos como técnicos. El uruguayo Gabriel Caledrón (Ex – que revienten los actores, Mi muñequita) y el canario Antonio Tabares (Una hora en la vida de Stefan Zweig, La punta del iceberg). Ellos tienen un algo fascinante. Son autores de teatro que logran una nueva dimensión cuando son leídos.

«Si el teatro es acontecimiento de la cultura viviente, y debemos estudiar los textos dramáticos en relación con el acontecimiento, es necesario distinguir teatro en acto y teatro en potencia. El teatro existe en potencia como literatura(s). En general, la literatura es virtualidad de acontecimiento teatral o teatralidad en potencia, no es cultura viviente. El teatro se diferencia de la literatura en tanto ésta no implica acciones físicas sino verbales: la literatura es un vasto y complejo acto verbal».

Jorge Dubatti, Escritura teatral y escena: el nuevo concepto de texto dramático

Seré breve propone un ejercicio artístico fascinante. Recupera la importancia de leer teatro y lo hace con un despliegue de diálogos fluidos, escenas divertidas y originales propuestas. Cada pieza contiene la «teatralidad» suficiente para ejercitar la escena, imaginar una puesta. Eso debe ser la literatura, un lugar de desafíos a la mente. Los textos de Rubio invitan a recuperar la lectura en voz alta, esa belleza que parece un privilegio de la poesía, pero que encuentra en el teatro una habitación diferente, con vistas al mar.

El teatro breve (corto o micro) tiene varias peculiaridades. Algunos —erróneamente— lo consideran un género menor. Similar actitud se tiene ante el cuento (en prosa) o al cortometraje (en cine). Pero lejos de ser una disminución, una versión corta de algo mayor, o incluso el magro fruto de un ajuste económico, el teatro breve es un género en sí mismo. Tiene un valor propio (como lo tienen el cuento o el cortometraje). Una pieza corta debe tener la efectividad de plantear de forma inmediata una situación, conectar y resolver una escena concreta y hacerla efectiva, sin dar lugar ni tiempo a artificio alguno. Una línea de diálogo de más en una obra larga puede pasar desapercibida; en una pieza breve es un muro a veces infranqueable. Además del talento que requiere, encuentro en las piezas breves una función didáctica que sería un error considerar secundaria. Debemos reconocer las crisis y actuar contra ellas. La cultura, el arte, están siendo castigados de muchas formas. Como bien sabemos, un pueblo culto e intelectualmente activo suele ser incómodo para los que pretenden manejarlo. Pero además del ataque económico existe en la civilización actual una inmediatez que conspira contra todo lo que presente un desafío, sobre todo si es duradero en el tiempo. Podemos, con cierta habilidad, presentar las piezas breves, en lectura y en escena, como una escuela de teatro para espectadores potenciales. Los amantes del teatro seguirán disfrutando del mismo, pero sabemos lo importante que es conseguir público. Estas piezas que duran lo que un video de YouTube, pueden ser muy efectivas para acercar la experiencia teatral, y más aún la lectura de textos teatrales.

También rescato su valor histórico. El entremés (pieza teatral cómica en un acto, escrita en verso o prosa, que se solía representar entre la primera y la segunda jornada de las comedias del teatro clásico español) tiene en sí misma una importancia clave en la popularidad que logró el teatro (s. XVI y XVII), y por haber sido cultivada por autores que siempre es bueno tener cerca. Recordemos que escribieron este género Miguel de Cervantes y Francisco de Quevedo.

En el prólogo del libro José María Pou señala la virtud de poder leer los textos en cualquier orden, su dinamismo, su juego. Recuerda al desafío que nos proponía Cortázar en Rayuela. El regreso de los lectores vivientes. Y también ilumina sobre otra de las ventajas del género. El texto breve sirve para acercarse de forma efectiva al universo de un autor, que le sirve a su vez como tarjeta de presentación. Son, en su conjunto, una gran obra teatral de mucho tiempo de duración, pero sirven en su unidad como muestra de la habilidad para los diálogos, la creación de situaciones, la definición de personajes y la resolución de conflictos. Dos religiosas y los Beatles, la dimisión de un ángel de la guarda, una ama de casa que tiene como hobby la prostitución; maravillas breves, no pequeñas.

Dicen los guionistas que «el papel aguanta todo», uno puede plantear la escena más irrealizable, puede escribirla, y ya se verá si es posible hacerla o no. El dramaturgo Gabriel Calderón también plantea el valor artístico de escribir teatro como desafío a su realización (su libro Mi pequeño mundo porno nunca fue representado, así como fue escrito es una obra casi imposible). Juan Carlos Rubio, que además es actor y director (un hombre de teatro), despliega sus habilidades en este libro. Te invita a jugar, jugando. Plantea escenas que uno disfruta leyendo, imaginando y, sin duda, representando en un escenario o no. No quiero dejar de señalar que estas piezas breves no están atadas a grandes escenografías y cambio de vestuario ni siquiera a escenarios. Son una increíble oportunidad para sacar el teatro a la calle, para «hacer teatro» en bibliotecas, librerías, bares, hoteles y terrazas.

En Seré breve se deja un apartado especial para ese «complejo abismo del monólogo» que tanto fascina a este autor. En sí mismos son una muestra del valor literario del texto teatral. Un solo personaje logra narrar, describir y hacer poesía.

El libro incluye Arizona (mención de honor del Premio Lope de Vega 2005) en una versión para radio. Quería señalarlo de forma particular. El radioteatro lograba reunir familias enteras. Solo con la palabra se contaban historias. Se escuchaban voces. Se trabajaban tonos. Se actuaba con la voz. Una forma de teatro, el de la palabra, que ojalá gracias a este tipo de semillas floreciera en ese medio de comunicación maravilloso que es la radio, pero que hoy tiene tantas voces vacías que da pena.

Seré breve, de Juan Carlos Rubio, es un libro importante para los amantes del teatro, pero imprescindible para los amantes de la lectura, del cine, de las series. Para estudiantes y curiosos. Sería un error renunciar a su disfrute por creerlo exclusivo de personas vinculadas al teatro; por el contrario, es el libro ideal para leer teatro, una experiencia que todos merecemos.

Joaquín Dholdan

Escritor y dramaturgo. Ha escrito novelas (”Estuario”, “Cómo desactivar a un hombre bomba”, “El murguista muerto”, “Cruzar la muralla”), obras de teatro (“Ella, Kafka”, “El Greco pinta al inquisidor”, “Castigo del cielo”) y numerosas entrevistas y columnas de opinión sobre literatura, fútbol y música. Conduce el programa de la Asociación Colegial de Escritores de España “Diálogos comanches”. Blog: “Las letras y los ojos”. Twitter: @joadoldan.

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