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28 Sep

Si descubres un incendio, de Alberto Conejero

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portada_grMuy lejos quedan ya los tiempos en que los dramaturgos o novelistas de prestigio tenían que ceder inevitablemente a la tentación de escribir poesía, con diversa fortuna, como fue el caso del Duque de Rivas, Valle-Inclán o Unamuno, o en los que los grandes poetas probaban su talento en el campo del teatro, también con diversa fortuna, como Espronceda, Alberti o Miguel Hernández, por ejemplo -nos reservamos intencionadamente a García Lorca por ser tan importante como poeta como dramaturgo, y en ambos casos, cima. Más lejos aun, hasta el Siglo de Oro, hay que retroceder para dar con un momento en el que la medida de un escritor la daban el número de “comedias” representadas y el éxito de las mismas y no la publicación de poemas u obras de cualquier otro género -recordemos aquí que el propio Cervantes se tenía por un escritor mediocre al ser un autor teatral y un poeta fracasado, a pesar del éxito que vivió su obra novelística.

No es fácil encontrar a lo largo de nuestra literatura, aparte del citado García Lorca y sobre todo de Lope de Vega, escritores que cultiven con igual predicamento teatro y poesía, y desde luego no en las últimas muchas décadas, marcadas en cuanto a la creación y el consumo literarios por una preferencia de la novela o incluso la poesía en detrimento del género teatral y, en general, por una mal entendida especialización que pretende relegar a los autores y expertos en unas disciplinas en puros analfabetos respecto a otras. Por eso, no deja de sorprendernos, y a la vez de alegrarnos, la incursión de un dramaturgo con una obra consolidada y reconocida en el terreno, siempre incierto y arriesgado, de la lírica.

Es el caso de Alberto Conejero (Jaén, 1978), quien, a pesar de su juventud, es autor de un importante número de éxitos teatrales: Húngaros (2000), Premio Nacional de Teatro Universitario; Cliff (2010), Premio Leopoldo Alas Mínguez de Literatura dramática; Ushuaia (2013), Premio Ricardo López de Aranda; La extraña muerte de una cupletista contada por su perro (2014); La piedra oscura (2014), distinguida con el premio a la mejor creación original, con el Premio Ceres, el Premio José Estruch y con el Max al mejor autor teatral 2016; y Todas las noches de un día (2015), con el que ganó el III Certamen de Textos Teatrales de la AAT.

Con Si descubres un incendio se inicia en la poesía, pero el libro no parece en modo alguno una colección de primeros poemas al uso; no nos parecen precisamente estos versos los de un poeta diletante. «Desde antes que el teatro le abriera paso, Alberto Conejero estaba con el fuego en la poesía», dice Antonio Lucas al inicio del prólogo; y poco más adelante: «A. C. se estableció en la literatura con una sed que desaloja ríos, pero en el principio fue el poema». Y en el segundo párrafo, insiste: «Hablamos de un hombre de teatro, pero no solo. Hablamos de un poeta». En realidad, gran parte del prólogo, más creativo que académico, está dedicada a reforzar esta idea: «La poesía es la forma de pensar de este hombre».

El título, que, como es costumbre, da nombre también al primero de los treinta textos que componen la colección y a la primera de las tres partes en que se estructura, está prestado de un mensaje de emergencia de los trenes de la RENFE, «Si usted descubre un incendio o humo en algún vehículo», y figura como cita de ese primer poema. Pero la cita que introduce el libro, de uno de los más grandes dramaturgos del siglo XX, Tennessee Williams, es sin duda más aclaratoria: «y así es como la gente muere incendiada en los hoteles», y no es, como sería de suponer, de ninguno de sus dramas, sino del poema Contar la vida, de su libro de 1956 En el invierno de las ciudades. Williams publicó en 1977 una segunda entrega de poemas, Androgyne, mon amour, y nos deja – ¡oh, casualidad! – otro ejemplo de prestigioso autor teatral seducido por la magia de los versos.

Según el poema Contar la vida, «después de acostarte por primera vez con alguien (…) enciendes un cigarrillo (…) uno de ustedes cae dormido, y la otra persona hace lo mismo con un cigarrillo encendido en la boca, y así es como la gente muere incendiada en los hoteles». Si descubres un incendio es un libro de amor que quiere apartarse de los tópicos de la tradición poética amorosa que representan Neruda, Salinas, Hernández, Aleixandre u Otero, por citar algunos de los autores más representativos; se pretende actualizar temas clásicos, como el carpe diem o tempus fugit, de los que nunca se aleja. Hay mucho amor en los trenes (ver Crucigrama, en página 31), en los hoteles (el soneto Habitación de hotel, en la 44), en las ciudades (Era Madrid la ciudad, 45). Hay, en fin, mitología, Shakespeare, astronomía, un recuerdo a Carlos Bousoño o a María Zambrano, y hay hasta un romancillo con título en inglés: Another fucking love song (página 38). Demasiada labor, demasiada sabiduría, demasiada inspiración, demasiada pasión, demasiadas cosas buenas para dejarlas pasar.

Valentín Carcelén

Licenciado en Filología Anglogermánica, completa estudios en la Universidad de Sheffield. Profesor de la UCLM. Tras la aparición de sus primeros poemas en varias revistas y antologías, publica La pradera asfodea (1993) y Cámara oscura (2000), ambos en Ediciones de la Diputación de Albacete. En 2004, publica Diario ausente (El Toro de Barro) y en 2010 Hilo de hormigas (Almud Ediciones). Es traductor de la antología Penúltima poesía británica y de los Poemas sueltos de Philip Larkin. Su obra aparece en numerosas antologías, entre otras: Poetas de la Confitería (1999), Mar Interior. Poetas de Castilla-La Mancha (2002), Alfileres. El haiku en la poesía española contemporánea (2004) y Aliendos (2006).

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