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13 Mar

Tea Rooms (Mujeres obreras), de Luisa Carnés

luisa carnés

Cubierta_TeaRoomsMadrid, años treinta del siglo XX. Matilde necesita un trabajo; su familia no se puede permitir una hija desempleada y ella no quiere depender de nadie. La búsqueda de empleo la conduce a una cafetería céntrica, donde es contratada como dependienta. Los días pasan inconsecuentes en su rutina de limpiar los mostradores, cambiar los pasteles viejos por nuevos, ver entrar y salir a clientes habituales y nuevas caras. Y con ella sus compañeros de trabajo. Cañete, el camarero que tiene un lío con la dependienta estirada; Pietro, el cocinero italiano. Y sus compañeras, las mujeres. Porque esta es una novela sobre las mujeres. Las mujeres trabajadoras que, como Matilde, únicamente tienen dos opciones: casarse o trabajar, y ninguna supone la verdadera emancipación, no para ellas. La primera las encadena a un marido y la segunda a un jefe. En ambos casos, dependerán de un hombre.

A Matilde se le presentan ambas alternativas. Un joven repartidor, hijo de empresario pastelero, le hace insinuaciones de matrimonio. Su compañera Antonia, algo mayor y menos idealista, la insta a que acepte, se case y tenga una vida mejor de la que tendrá si sigue trabajando para el Ogro, que es como llaman al propietario del salón de té. Un marido o un jefe. Matilde no es conformista, se diferencia de las demás mujeres que la rodean en su sentido crítico, su capacidad para ver la realidad y juzgarla. Tiene un espíritu contestatario, pues en ella hay mucho de la propia Luisa Carnés, quien moldea a su imagen y semejanza al personaje principal. Es por esta razón que pone a Matilde en el centro de la narración y la sigue allá donde va. La historia llega al salón de té con ella.

Tea Rooms presenta una panorámica de personajes que representan la miscelánea social de la época. Diversos tipos de mujeres trabajadoras: Antonia, a quien no se reconoce después de muchos años de trabajar en la misma casa; ella es la primera en quejarse del jefe y de la encargada, o en chismorrear sobre los amoríos de esta, pero no duda en delatar a una compañera cuando la pilla siseando de la caja. Paca, que no da un paso en la vida sin consultar la brújula moral que le ofrece la religión; es prudente y recelosa, y el vacío que no ha podido llegar con un marido e hijos lo ocupan las monjas y demás beatas de un convento al que acude varios veces a la semana. También Laurita, que entra a trabajar en el salón de té por mediación de su tío, el propietario; al contrario que sus compañeras, nunca le ha faltado de nada, y su parentesco con el Ogro la lleva a tomarse libertades. Cada una de estas mujeres representa una perspectiva única y diferenciadora, en todos los casos determinada por las circunstancias personales. La ligereza del comportamiento de Laurita se debe a una vida fácil, como la prudencia de Paca o el resentimiento de Antonia se deben a todo lo contrario. Lo que todas ellas tienen en común es la falta de compromiso, con lo que Matilde es muy crítica en silencio. Pero también comprensiva, porque dicha falta de compromiso no es más que el resultado de la falta de esperanza.

La trama de Tea Rooms se diluye con eficacia en su vocación social, que es el motor y combustible del impulso narrativo de la autora. Las digresiones políticas, lejos de distraer o parecer un esfuerzo panfletario, se integran en el conjunto como parte elemental, tanto como los diálogos naturalistas entre las protagonistas o las descripciones de la rutina diaria, que dan la impresión de ser fotografías tomadas en una sala de té real durante un día cualquiera.

Si hay una novela que merecía ser desenterrada, y con ella su autora, era Tea Rooms de Luisa Carnés (Madrid, 1905 – México D.F., 1964). La editorial Hoja de Lata incluye en su edición un epílogo de Antonio Plaza que acerca al lector la trayectoria literaria de la escritora «invisibilizada» por el franquismo, de modo que no solo se trate de la revisión de una novela prácticamente olvidada, sino también y sobre todo la recuperación de una de las mejores y más relevantes escritoras de su generación, como lo fue Luisa Carnés.

Álvaro Domínguez

Licenciado en Historia del Arte por la Universidad de Santiago de Compostela. Tras cursar el Máster de Edición Universidad Autónoma de Madrid – Taller de Libros ha trabajado en diversas áreas del sector editorial. Su primera incursión literaria como autor fue en Amateurs Hotel, portal que acoge a artistas en ciernes con el deseo de compartir sus creaciones a través de una revista digital y un libro impreso financiado mediante crowdfunding. También ha publicado una serie de relatos en La Cueva del Erizo y forma parte de la antología Lo que no se dice de la editorial Dos Bigotes.

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