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2 Dic

Umami, de Laia Jufresa

Laia Jufresa

UmamiLaia Jufresa (1983) llegó a mí a principios de verano. El calor comenzaba a embadurnar la pequeña sala en donde una vieja amiga y yo, con la puerta abierta al resto de apartamentos de una de las muchas corralas que pueblan La Latina, conversábamos no recuerdo ya de qué. En un momento determinado y debido a uno de esos apremios que impelen a todo ser humano a encerrarse en el baño, mi interlocutora se ausentó no sin antes lanzarme, desde el umbral que comunicaba cocina y salón, un pequeño librito blanco en cuya parte superior y a simple tipografía color negro podía leerse El esquinista (2014). Lee el primer cuento a ver qué te parece, ¡ahora vuelvo! Por mero matar el tiempo, obedecí. “La pierna era nuestro altar”, primero de los doce cuentos que componen la primera publicación de la escritora mexicana, me fascinó. Dos días después, había conseguido mi propio ejemplar del libro y, algunas semanas más tarde, Umami (2015), primera y única novela de Jufresa hasta el momento.

Junto a los sabores dulces, salados, amargos y ácidos existe el sabor umami, el quinto sabor que perciben nuestras papilas gustativas, de difícil descripción y descubierto en 1908 en el Japón. Muchas personas no saben reconocer el umami (categoría en la que, con decepción, creo incluirme), pero está presente en alimentos ricos en glutamato tan comunes como son los champiñones, los tomates, el pescado y algunos comestibles fermentados (la salsa de soja o el queso, por ejemplo), entre otros. Pero umami es también el nombre de la más grande de las casas que componen la privada Campanario, el lugar en el que conviven los personajes de la novela de Laia Jufresa, así como uno de los temas de investigación de un cincuentón antropólogo especializado en alimentación prehispánica, Alfredo, propietario de dicha privada y cuya distribución viene a representar el mapa de los sabores en la lengua humana. Pero vayamos por partes.

A modo de caleidoscopio, Umami se divide en cuatro partes, a su vez seccionadas en cuatro capítulos, cada uno de ellos narrados por diferentes voces y que, en retroceso, cubren los años que separan el 2004 del 2001, ambos inclusive. No son la pérdida y el duelo en sí los hilos que unen a los habitantes de la privada, unifican los capítulos –que por otro lado pueden leerse de forma independiente, como cuentos- y dan forma a la novela, sino la superación de dicho duelo o el ocaso del duelo en su regreso a la vida. Noelia se murió y la vida sigue. Una vida miserable, si se quiere, pero aún como y cago, sentencia uno de los personajes. En este sentido, la composición dislocada y hacia atrás de la novela se constituye como metáfora formal del proceso del propio duelo en esa unión de, por un lado, retorno al pasado en busca del ausente y, por el otro, la inexorable confrontación del tiempo presente.

Umami es una novela coral en donde las voces hablan esperando con las palabras suplir los vacíos de una ausencia que, con el paso del tiempo, se vuelve presencia. Tal como apunta Frida Conn en su concisa reseña sobre el texto, la novela invita a la reflexión sobre la ausencia en toda su variedad de formas posibles así como, y considerándose uno de los aciertos de Jufresa, ésta no pretende desvelar secretos, sino reproducir un hecho inherente a la vida desde diferentes perspectivas. Y todo ello a partir de un estilo regido por la lógica del cuento que, lejos de toda pretensión, brilla tanto en lenguaje como en concisión, aunque mina la trama, que no termina de evidenciarse a través de los capítulos.

Por otro lado, si bien es cierto que la estructura es uno de los puntos fuertes de la novela, también lo es que, pese a formarse los personajes desde la técnica de dotar de personalidad y modo de estar en el mundo a partir de la forma de expresión (aspecto desde el cual se explora, de igual modo, quiénes fueron esas personas ausentes a partir de cómo se plasma en palabras dicha ausencia); es decir, en donde el lenguaje forma la personalidad del personaje, estos no dejan de cojear en cuanto a profundidad se refiere, quedándose en trazos que no alcanzan a simpatizar con el lector.

Jufresa, a quien el traje del cuento le sienta mejor (si de elegir se tratara, recomendaría con mayor fervor la lectura de El esquinista), hace un trabajo, a mi parecer, satisfactorio en Umami: fuerte estructura, meditado lenguaje y estilo, frescura y dinamismo pero poco enganche en unas páginas que al finalizar no terminan de saciar al lector. A pesar de ello y, ¡ojo!, no sin merecimiento, en 2016 Umami aparecerá traducido al inglés (Oneworld Publications) y al francés (Buchet Chastel).


Jufresa, Laia: Umami. Literatura Random House: Barcelona, 2015 (234 páginas)

María Ayete Gil

Obnubilada por la literatura en general y por la actual en particular, el empuje del mar de su Tarragona natal la llevó a transitar primero por las doradas calles de Salamanca y, después, por el bullicio de las tabernas de Madrid. Reside temporalmente a orillas del lago Michigan y combate el frío de la ciudad de Milwaukee bajo el techo de su universidad, donde imparte clases de español por la mañana y acude a los pupitres del máster en lingüística y literatura española al caer la tarde.

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