Subir
25 Nov

Y tú no regresaste, de Marceline Loridan-Ivens

Marceline-Loridan-et-Anouk-aimee

Y tu no regresaste_129X205Theodor W. Adorno siempre creyó que escribir poesía después de Auschwitz era un acto de barbarie y, siguiendo su dialéctica y su crítica social al holocausto, puso de manifiesto que tras sufrir la humanidad durante casi 6 años un genocidio de tales dimensiones, el hombre se sitúa ante la incapacidad para olvidar y estar en disposición de llegar a conocer de nuevo la belleza de la vida.

Marceline Loridan-Ivens pone el contrapunto a esta concepción de Adorno con su libro Y tú no regresaste, un pequeño texto condensado en cuanto a número de páginas pero profundo y a la vez necesario -sobre todo para su autora-, que ahonda en los dos conceptos mencionados : el olvido y la capacidad de recuperar la esperanza en la vida.

Si alguna vez los sentimientos ocuparon un lugar destacado en la memoria individual y colectiva de todos aquellos que sufrieron directamente el horror de la Soah tendrían la forma de este libro: una ausencia, la del padre; unas últimas palabras “Tú podrás regresar, porque eres joven, pero yo ya no volveré”, convertidas en carta que se pierde en el devenir de un campo de concentración; un esfuerzo sobrehumano que recorre décadas enteras para reconstruir una relación paterno-filial compleja y angulosa.

“Tú podrás regresar, porque eres joven, pero yo ya no volveré”. Esta  sencilla frase que Marceline oyó de boca de su padre, justo en el momento en que eran deportados, juntos pero aislados de la familia, de los amigos, en el mismo tren hacia el campo de Auschwitz-Birkenau en el mes de abril de 1943, se convirtió en una obsesión que quedó grabada en su memoria para siempre. Es en ella donde está el punto de origen del relato que la autora convierte en una auténtica carta abierta al mundo.

Si hay algo en el libro de Loridan-Ivens es lucha, es superación, es recuerdo, pero por encima de todo una voz personalísima que trata de (re)construir la vida desde el punto de partida de la depravación y la muerte como elementos consustanciales a la vida en un campo de exterminio. Hacerlo dejando a un lado el sentimentalismo, la autocompasión, el victimismo o la nostalgia impostada de un pasado mejor, es un alarde de concisión y de búsqueda de la verdad desnuda.

El lenguaje y la prosa de la autora francesa no dejan margen ni ofrecen oportunidad a alardes o atajos literarios. Discurren siempre en círculo, de forma directa y sencilla hacia el centro de la historia, de su historia, basculando entre la necesidad de sobrevivir en y con el horror -la mera supervivencia biológica- y la obligación de honrar la memoria de su padre.

Encontramos aquí un claro ejemplo de lo que el afamado psiquiatra Viktor Frankl supo reflejar en su conocido libro El hombre en busca de sentido, un extraordinario alegato en favor de la capacidad del ser humano para sobreponerse a las más extremas y crueles condiciones de sufrimiento, a la deshumanización y la cosificación de la persona. El valor, el auténtico rasgo de heroicidad de las personas, reside en la resiliencia ante la adversidad y la autoimposición de una búsqueda interior que razone y haga lógica la presencia viva en entornos extremos.

En este sentido, Y tú no regresaste destaca por su brevedad y concisión y por la capacidad para situarnos, alternativamente, en varios escenarios vitales diferentes, pero entrelazados e interdependientes, pues solo de esta forma se puede dotar de unidad a una historia tan lineal en los acontecimientos pero tan emocionalmente compleja: el conjunto de recuerdos familiares, que recorren la vida de la autora en libertad; la vida en los campos, que describe de forma sobria y contenida, sin ahondar en la ya conocida dureza de los campos, pero sin esconder el sufrimiento que suponía cavar zanjas para los hornos crematorios o ser examinada por el doctor Mengele; y los años posteriores a la liberación, que se abren como una sima ante los pies de la autora, y que le enseñarán a refugiarse en el trabajo como documentalista y realizadora cinematográfica, en el compromiso y la lucha.

Como hilo conductor, el recuerdo. La importancia de seguir manteniendo viva la presencia y la experiencia de todos aquellos que vivieron una época en la que ser-humano llegó a convertirse en el portador de sufrimientos ilimitados a manos del semejante, despojado este último de conciencia y de valores.

Y tú no regresaste pone más el acento en el fondo que en la forma, recurriendo a poner delante de nuestras vidas el sufrimiento íntimo de las personas que fueron capaces de sobrevivir dos veces: una, a los campos de la barbarie; y dos, al terreno yermo y baldío que paradójicamente dejó tras de sí la liberación, un solar vital en el que reconstruir con esfuerzo una nueva vida.

Luciano Vázquez

Licenciado en Derecho, en la UNED cursa las últimas asignaturas de Filosofía, su verdadera vocación junto con la escritura. Profesor de español como lengua extranjera titulado por el Instituto Cervantes, corrector de estilo y redactor de contenidos. De profunda devoción lectora, con especial admiración por la poesía, se inicia en la aventura de la crítica literaria de la mano de Vísperas. Seguidor de Montaigne y Russell en lo filosófico y de Gil de Biedma, Ángel González o Joan Margarit en poesía. Con algunos poemas publicados por la Editora Regional Extremeña, aspira a componer un poemario redondo y un ensayo sobre filosofía contemporánea.

Todavía no hay comentarios

¡Danos tu opinión!